sábado, 9 de agosto de 2014

You can´t push a river...you can´t make me fall.

¿Por qué quiero el reloj Samsung que conecta con mi Galaxy si: A) No puedo correr más de una cuadra sin morir de un bronco espasmo, B) NUNCA iría a un boliche con esa deformidad escondida entre mi tribu de pulseras doradas y C) Agendo solamente un tercio de mis reuniones y reminders?
Supongo que es por la misma razón por la que tengo un par de zapatillas Nike para correr y varias remeras y carteras iguales en distintos colores. Marketing y una pizca de ansiedad que muere en una pequeña compulsión.
Y es que cuando veo la propaganda del reloj, me SUPER imagino corriendo por los bosques de Palermo o patinando por el Rosedal. Mi colita de pelo larga zarandeándose al ritmo del trote en un top fucsia y calzas de running (que también tendría que comprar para matchear el nuevo accesorio);  y Maroon 5 sonando en mi I pod, mientras quemo la grasa que no tengo y tonifico mis “músculos”. De solo pensar esta escena, ya me siento tonificada.
¿Por qué nos mentimos? “Voy a RE correr, ¿para qué voy a gastar mil pesos en zapatillas que no voy a usar? No soy tonta, duh!”. ¿Resultado? Usé las zapatillas dos veces para ir al supermercado. Lo peor de todo es que elegí colores estridentes que no combinan con nada de mi placard, por lo que si quisiera ir a correr, necesitaría realmente ese top fucsia. Y sé lo que están pensando, la respuesta es “no”, hacer ejercicio en un outfit que no combine es ganar salud física y matar el alma; por lo que usar cualquier ropa el día que (no) voy a correr no es una opción para mí.
Esto es como esa vez que empecé gimnasia artística, mamá me compró tres mallas y dejé a los seis meses. Y estoy bastante segura de que a todas nos pasa, aún a las que piensan que no. Abran sus placards de cualquier área de la casa; va a haber algún sombrero, pañuelo, saca cutículas o máquina de hacer pan que nunca usaron. Alguna minipimer o hasta un molde para hacer muffins; una manzana que murió en la heladera o un libro de filosofía que no empezaron porque descubrieron que leer más difícil, no nos hace más inteligentes, es simplemente más difícil.
Y hoy en uno de mis tantos chats grupales, se generó una conversación ante la confesión de “Necesito una cita”. La conversación incluyó frases como “yo también”, “chongo”, “ya estoy en pijama”; omitió frases como “no tengo comida en la heladera”, “agoté mi little black book” y “¿y si me compro un perro?”; terminó con la conclusión de que  “necesitamos irnos de viaje”.
Pero entonces me pregunto, ¿necesitamos una cita? ¿No puede existir la posibilidad de que, y estoy pensando off the top of my head, la cita sea como el reloj Samsung? ¿Que sea como las zapatillas, el top fucsia o la minipimer? ¿Por qué todo parte de la ilusión de una necesidad?
Juro que no soy una loser, pero la semana fue agitada y hoy cursé todo el día; así que opté por un sábado loser. Mis amigas y yo vimos “Sex and the city the movie DOS”, en red…Bueno, en red es una forma de decir, la realidad pasó por otro chat: “Estoy viendo Sex and the City”, “Yo también”…”Quiero que me pase eso” “Yo también…(la parte de viajar gratis en primera y montar camellos con ropa de diseñador; no la parte de ir a la cárcel o chaparte un ex en el desierto). Como sea, las secuelas de cualquier película suelen ser para loser days, pero ese no es el punto. El punto es que de toda situación estimulante generamos una necesidad. Porque ahora creemos que necesitamos viajar a Abudabí para broncearnos y sentirnos super poderosas.
No chicas. Basta. No al reloj, no al top fucsia, no a Abudabí. Montar un camello debe ser lo peor que te pasó en la vida; deben tener olor a chivados, te transpiran la ropa, escupen y dudo que la incomodidad de la joroba nos deje andar con glamour. El reloj futurista es la versión adulta de esa moda de 1992 donde nos colgábamos un collar de hilo negro en el cuello del que colgaban chupetes de plástico, o las gargantillas de 1999; las zapatillas con taco del ´97 o las botas texanas del 2004.
Basta de fantasías pseudo Carrie Bradshaw. No porque no te puedas cruzar un ex en Abudabí, eso puede pasar totalmente; sino porque no te lo vas a chapar, no vas a estar bronceada y tu marido no te va a regalar un diamante para reforzar tu compromiso. Lo más probable es que hayas dormido mal, estés cerca de un maxi kiosco y tengas la primera muestra de orina en una bolsa porque estás yendo a hacerte un análisis de rutina.
Basta por favor publicidad, propagandas, televisión. Tengo dos televisores en un departamento de un ambiente y medio…Las chances de terminar con este reloj Samsung en mi muñeca son altas, porque la carne es débil, aunque la mente sea astuta. Pero creo que vale la pena intentar resistir la tentación… porque creo que tengo razón, las necesidades nacen de una ilusión innecesaria. No necesito ese reloj, NO LO NECESITO.

Así que chau reloj super inteligente para corer y ver notificaciones o contestar llamadas, chau reloj que no combina con mi ropa y es muy grande para una muñeca que puedo abrazar entre mi menique y dedo gordo, chau. No podés empujar un río y no podés hacerme caer…después de todo, sos un reloj digital y "this love don´t feel so right".

domingo, 3 de agosto de 2014

Vives esperando un corazón extraño que venga aquí.

 Hoy me desperté con mucho frizz en el cuarto que mi mamá mantiene intacto para mí, con una canción del 2000 en mi cabeza. Me levanté cantando esa canción de Alex Ubago que una amiga había grabado en un cd para mí, en esa época donde todas estrenábamos el último grito de la tecnología: Las grabadoras de Compact Disc.
 Mientras me lavaba los dientes y analizaba el estado de mi pelo frente al espejo con esa melodía en repeat en mi cabeza, me pregunté el por qué del recuerdo. Porque no estuve escuchando música retro, mucho menos me crucé con ese cd que ya ni sé dónde está. Tampoco me encontré con mi amiga, y no estuve sintiéndome nostálgica. 
 Y es que cuando una canción emerge de la nada en nuestra mente, yo creo que siempre hay que preguntarnos por qué. No aparece la canción entera, suele aparecer un segmento de la letra, de la música, de lo que quiere evocar. Es como el recuerdo disparador en terapia; no emerge lo que quiere hacerse escuchar, emerge la punta del iceberg, para que tiremos de ese retazo cual hilo y lleguemos a la costura.
 "Es todo lo que pido por ser feliz, ¿qué pides tú?". WTF, ni siquiera sabía que me acordaba las letras de Alex Ubago, ni su nombre recordaba, emergió de lo más profundo de mi preconciente. Mucho menos sé qué es lo que pido por ser felíz, así que claramente mi mente apuntaba a sí misma.
 Y entonces busqué la canción, cual Sherlock Holmes me ví en la necesidad de investigar qué estaba tratando de decirme a mi misma. " ¿Qué pides tú? Que vives esperando un corazón extraño que venga aquí". Ok, entendí. Entendí gracias a mi capacidad de adosar a la letra pensamientos sueltos que lograron completar un panorama. 
 ¿Pueden relacionarse con eso? A veces cuando aparece un extraño, ¿no se preguntan qué papel puede llegar a cumplir en sus vidas? Si no lo hacen, lucky you, saben subirse al destino sin esa sensación de ansiedad que causa la incertidumbre.
 Y me pregunto si de esto se trata lo que algunas personas nos dicen, cuando plantean la necesidad de aprender a estar solas. Esa insistencia que yo freno con mi teoría de que somos seres sociales, que hasta en nuestra cabeza hablamos con pluralidad de otros cuando pensamos. 
 Estoy tratando de cambiar algunas cosas, de ser agente de mi propia evolución a una versión que visualizo cual Terminator, pero más fashion. Empecé con la limpieza de uno de mis placards; logrando reducirlo en algunos kilos re ropa, a base de no pensar dos veces en las prendas que no sobrevivieron el descarte, simplemente dejarlas ir. 
 Dejé ir calzas, sweaters, tapados y remeras que hace tiempo sobrevivían las limpiezas a base de la típica frase "Algún día lo voy a usar" o "Está nuevo, lo usé una vez". Dejé escapar botas, zapatos y mocasines que nunca me acompañaron a pasear; o que simplemente no reflejan lo que soy hoy. Colores que ya no combinan con mi color de pelo y texturas que necesito perder. 
 Y es que cuando un lugar está tan lleno, respirar es difícil. ¿Algún día les pasó? Contemplar una situación abrumadora, donde la falta de espacio no las deja pensar. Necesito hacer lugar, no para lo nuevo, para mí. 
 Y me falta, me falta un segundo round con dos placards y empezar de cero con otro. Me falta animarme a abrir cajones donde hay cosas que me hacen acordar canciones extrañas, o personajes MIA (Missing in action).
 Es irónico considerando que en Diciembre llega un pedido bastante grande que va a volver a sacarme espacio y aire. Pero supongo que es un trabajo de por vida. Nos llenamos con lo que creemos necesitar, lo disfrutamos y; eventualmente, necesitamos limpiar, rever, seguir. 
 Cuando pueden dejar ir algo de eso que las hace pesadas, tienen que estar orgullosas. Orgullosas de dejar ir algo que ya no necesitan, pero que puede hacer feliz a alguien más. Alguien más va a disfrutar de mis botas Sarkany, mi tapado cuadrillé o mi sacón verde oliva; de mis remeras de Ayres o esa pollera hindú que ya no pega conmigo. Los mocasines marrones símil Oliver Twist, el chaleco gris que tanto quise o los pañuelos con brillos de Isadora. 
 Y me pregunto si alguien más está dejando ir algo que yo voy a disfrutar. Tal vez es un error, tal vez debería disfrutar simplemente de este nuevo espacio y aire; o entender que este es un proceso que recién empieza, porque todavía tengo que dejar ir algunas Converse y un chaleco de piel azul eléctrico que nunca sé con qué usar. 
 ¿Cuántas cosas dejamos ir? ¿Es perder posible solamente si nos generamos la ilusión de que algo más va a tomar el lugar de lo que se va?
 "Vives esperando un corazón extraño que venga aquí y saque de tu cuerpo y tu alma lo mejor de tí". Puede ser, estoy esperando algo que, más que extraño, prefiero llamar "nuevo". Y ya entendí. Ya entendí que no va a venir en una bolsa de Rapsodia... Y, hasta que llegue, entendí que tengo que ser mi propio agente de cambio...y empecé limpiando el placard, no ordenando; perdiendo. Odio perder, pero no se me ocurre otra forma de ganar. 
 Si Gollum no hubiera perdido el anillo, Frodo no podría haber ido a Mordor. Y si Cenicienta no hubiera perdido un zapato de cristal, no habría ido al baile. Yo perdí unos kilos de ropa, no sé qué voy a ganar...en el peor de los casos, gané perchas.

miércoles, 30 de julio de 2014

I don´t wanna talk, I wanna kiss and make up.

 Hace un tiempo alguien cuestionó esa necesidad de llenar todo de palabras, de darle un sentido a absolutamente cualquier hecho y sobrecargar los escenarios de significantes. Y honestamente, tiene razón. ¿Por qué tenemos que analizar todo? A veces está bueno no hablar sobre algunas cosas.
 "Estaría bueno que habláramos". Puede ser, o no. También podemos no hablar, después de todo a veces las palabras se acaban y necesitan resurgir de los hechos. 
 ¿Y si no hablamos tanto? ¿ Y si no teorizamos tanto sobre todo? Manejo más teorías que carteras últimamente. La teoría de contar números para bajar la ansiedad, la del plazo de dos meses para que "nazca" el amor, la idea de que si abre los ojos cuando te besa no te quiere, la teoría de no mezclar azul marino y negro, o la de que todas las Jennifer son fáciles. La concepción de que si leí el whatsapp y no contesté antes de los 5 minutos no me interesas; la cosmovisión ajena de que si un hombre y una mujer son amigos, indefectiblemente uno está enamorado del otro, o no se pueden enamorar. La aseveración de que lo salado no es desayuno, y lo dulce no es cena. ¿ Y si no teorizamos?
 A veces las invitaciones a hablar, sirven de excusa para no hablar. Y tras esa invitación siempre hay una fantasía de concretar hechos, y por hechos léase no solo una caricia, puede ser una cachetada. 
 No quiero hablar, y eso me dice últimamente mi actividad onírica. Bueno, eso me dice a mí; a mi psicóloga le dice otra cosa. Pero ésto último es porque ella tiene el poder freudiano de unir dos sueños y tres frases en una explicación que quiebra la lápida de mi personalidad, la cual yo creía ya cristalizada. 
 "No sé qué le diría, es una sensación poco clara que roza un par de ideas y algunos impulsos". Y entonces dejo dispararse por ósmosis esta idea a varios escenarios, porque no tengo ganas de explicarle o decirle nada a nadie. 
 ¿No sería más fácil todo así? Ahorrarnos palabras y ser seres de nuestros impulsos. Que no haga falta hablar, simplemente besar y arreglar las cosas. O no arreglar nada.
 No tener que hablar, no tener que explicarle a mi vecino que canta para el orto y nunca va a llegar al estrellato, por más Master Tune que inunde el mundo. No tener que explicarle, entrar a su depto y patear su máquina de karaoke que vibra al ritmo de "Perfume" de Britney. No tener que explicarle a alguien por qué un día caminamos, al otro nos arrastramos y al siguiente volamos.
 Pero el lunes voy a tener que contarle este sueño a mi terapeuta, y sé lo que me va devolver. Me va a ayudar a darme cuenta que las estructuras que funcionan como la mía, viven los impulsos con culpa. Y yo voy a preguntarme por qué un aparato mental tan sofisticado insiste en desfigurar deseos por la noche, que planea castigar por la mañana.
 Lo único que me gusta de los sueños, es que me muestran cosas de las que no me percaté en la vigilia. Y llevan mi atención a personajes que se escaparon de mi radar. Lo que no me gusta, es que arruinan mi sueño de belleza y no me dan soluciones. 
 ¿Resultado? Mails que confirman shipments de ropa para el verano argentino. Porque no quiero hablar, y ese es el único impulso que puedo vivir con un quantum coherente de culpa masoquista.
 La adolescencia es esa etapa nefasta para cualquier ser humano. Mucha hormona, poco estilo, demasiado llanto. Pero tiene esa magia impulsiva donde podíamos actuar, sin tanta recriminación. Besar a tres en una noche, sin que se convierta en prostitución. Desenamorarte en una semana y reinventarte en tres días. 
 En ese sentido, sería bueno ser un poco más adolescente. No perder tiempo, cuando no querés hablar y querés besar o simplemente existir en un mismo espacio físico. Ser más físico, menos mental...porque algunas cosas; son físicas, aún cuando hagan estragos en la mente cual pintura rupestre en una cueva. 
 "I don´t wanna talk, I wanna kiss and make up". Bueno, y hablar un poquito cuando hay que respirar. 



lunes, 28 de julio de 2014

Now you are standing just an inch from my face,,,

"A mi me parece que ustedes están demasiado juntos, para estar separados".

 Hoy me levanté pensando que no me importa nada Masterchef. No sé qué es, no lo vi y entra en mi lista de cosas que no voy a ver... como Forest Gump. Son esas etiquetas que inundan la web y hacen que uno se sienta un outcast, como no saberte la letra de la canción de moda. 
 Y mientras pienso esto, me doy cuenta que estoy congelada. Y reflexiono sobre cómo, mientras más tiempo pasa una encerrado, más se congela. Entonces agarro el control remoto de una de las pocas cosas que podemos controlar y ¿saben qué? Shame on me, el aire estaba en "frío". 
 Me congelo, porque sin querer cambié el aire acondicionado de "frío" a "calor". Y me pregunto si cuando nos "congelamos" en otro sentido, no tiene que ver también con algún error de cálculo personal. 
 "Qué tarada, puse el aire en frío, con razón tenía piel de gallina". Frase que traslado a lo personal, cuando pienso que puse el ojo donde no puse la bala. Porque es una misma la que apunta a las situaciones. "Qué tarada, puse el ojo y no puse la bala". Con razón me quedé embelesada en circunstancias ajenas cual escena de telenovela. 
 Bueno, hoy paso de frío a calor; y saco la mira de donde rebotan municiones. Porque hay que aprender a dejar de apuntar a chalecos antibala. Es como enamorarte de un gay, querer cambiar el color de piel o despertarte sin frizz. Son cosas que solo Michael Jackson pudo lograr...y mi vida, de Michael, solo tiene Thriller.
 Y mientras imagino campos de batalla, porque el terreno sentimental es eso, un campo de batalla; pienso en Cupido otra vez. Un Cupido que dejó el arco y flecha, y usa un calibre 32.  Uno pensaría que el Invierno es temporada baja para esta especie de enano alado en pañales, pero parece no descansar. El problema es que no solo dejó el arco, también dejó el amor...y lo cambió por acercamientos pedorros de boliche.
 No entiendo las estrategias últimamente...y aunando comentarios y teorías de pares situacionales, hago agua en algunos puntos, y luz en otros. Entonces llego a "la estrategia masculina de boliche".
 Escena: Estás bailando, te das vuelta y (él) está a una pulgada de tu cara. Y me pregunto si en el imaginario social de su género eso funciona, porque honestamente el feedback que recibo (y que doy) es el mismo: Invasión de espacio físico y aliento muy cerca de mi cara (ughh).
 Opciones: A) Bailás sutilmente para atrás y desaparecés con gracia. B) Te hacés la que viste a alguien y te vas. C) Hablás con tus amigas. D) Sin sutilezas, bailas para atrás y movés la cabeza al ritmo de "No" (it ain´t gonna happen). D) (Mi preferida) Mueca de asco, le das vuelta la cara y cerrás la ronda. 
 Y estas estrategias físicas siguen. Es más que su cara a una pulgada de la tuya, son abrazos poco discretos, manos en caderas y frases que si se materializaran, serían aceite usado de Mac Donald´s.
 Pero ¿saben qué? No hace falta hacer mucho trabajo de campo para entender por qué estas tácticas siguen en el campo de batalla. ESTÁN RESULTANDO. ¿Por qué? Por lo que llamamos "minusas". Sí, esta especie está mal acostumbrando a un género que tiene las cosas muy fáciles. 
 Charla de baño: (Chica borracha, vestido del largo de un top de Barbie) "Me hago pis". (Yo) "Todas...cruzá las piernas que esta fila es más lenta que liquidación de Jazmín Chebar". Y entonces me empieza a contar su vida, entre tropezones e intentos de llevarse la pierna derecha a la cabeza cual contorsionista (Cross my heart) "Me apreté a uno del trabajo". (¿A uno?) "Boluda (ya eramos íntimas) ¿lo pensaste bien? El lunes lo tenés que ver...". "Sí". "¿Lo pensaste sobria, aparte de borracha?"...Entramos, me la encuentro de nuevo en el espejo, le hago un halago falso sobre su pelo rojo crayón Trabi y le deseo suerte cuando la realidad post boliche golpee su puerta.
 OBVIO que nos van a poner la cara a una pulgada de la cara, con la idea de que ni siquiera necesitan decirnos cosas lindas y coherentes. OBVIO que nos van a acercar de la cintura al ritmo de Nene Malo y OBVIO que no nos van a llamar. Si el pelo de crayón trabi está elongando en el baño y no piensa las consecuencias.
 ¿Saben cuál es la esencia del deseo? (Psicoanalistas abstenerse). Es la falta, un vacío que se va corriendo. Es poder posponer algo, hacerlo esperar...conocerlo. 
 La esencia del boliche es usar un short de sus Nenucos y elongar en la puerta del baño, dejar que les respiren en la cara o les midan la cintura. Lo expeditivo y fugaz viene en forma de "minusa".
 La esencia de la calidad, está en la retirada estratégica. Porque cuando te paras a una pulgada de mi cara, no te puedo ni mirar y no te pude ni desear. Por suerte  cuando "estás parado a una pulgada de mi cara, I know exactly how to shake you up". 
 Me gustaría decirles que podemos enfrentar fuego contra fuego, pero esto no es un video de Ricky Martin, y no quiero que terminen toqueteadas en algún boliche, como tampoco quiero ratificar esta estrategia pedorra del sexo opuesto. Cuando las minusas dominen la noche, yo voy a abrazarme a mi tapado de piel y retirarme con dignidad...Porque a una pulgada de mi cara, solo quiero cosas de calidad.

martes, 22 de julio de 2014

Solo tus canciones me parece escuchar...

 Cuando era chica escribía canciones de todo lo que me pasaba. Canciones sobre no querer hacer la tarea, sobre el chico que me gustaba, sobre pelearme con amigas o lo que le iba a pedir a los Reyes Magos. Y lo hice hasta hace algunos años, porque para mí escribir siempre fue una forma de tramitar y cristalizar a la vez.
 A  veces no sé cómo sentirme en el caos, y entonces escucho música. ¿Les pasó alguna vez? Creo que ya lo había expresado, esa idea de tener una canción para cada momento.
 Pero es más que ponerse en contacto con lo que uno siente, a veces es ponerse en contacto con el deseo de un estado futuro. 
 Cuando no sé cómo explicarle a mi psicóloga qué me pasa, a veces uso analogías o referencias musicales. Suelo traducirlas, porque todavía no llegamos a esa conexión donde me permito hablarle un tercio en castellano, un tercio en inglés y el otro en mi propio idioma. 
 "Deseo y temo a la vez, ese momento en el que llegue a sentirme como Carrie Underwood en su canción Good in Goodbye". Y entonces tuve que explicarle de qué hablaba, porque aparentemente soy la única argentina en contacto con esta artista country.
 Me gusta la música country, porque es un género que suele tener letras con mucha historia. Estos autores encuentran la forma de que una historia entre en ocho estrofas y tres notas. Es un poco como la vida, que entra en unos años y tres sentimientos.
 Y le cuento sobre otras historias, que en su momento quemaban con una actualidad que se grababa en una sensación de "para siempre" y, hoy, son  lindos recuerdos. ¿No podemos empatizar todas con eso? Piensen en el primer chico que les rompió el corazón. Ese chico con el que soñaban vivir en el campo y con el que pensaban que ser adultos era tener 30 años (que eran sinónimo de tener 50 cuando teníamos 15). Finito, acabado=heartbroken. ¿Resultado? Desolación insalvable que asumieron iba a ser su compañía eterna. ¿Y hoy? Es un contacto en facebook, o un extraño en la vereda..."Y hoy me importa una mierda".
 Entonces le cuento la historia de Carrie Underwood. Que, para ser honesta, me pone un poco nostálgica, pero también esperanzada. Porque cuando ella canta sobre el "Good" en "Goodbye", cuenta desde el futuro, lo que uno no ve en el presente.
 Lo bueno del adiós, se ve en el tiempo. Y Carrie se cruza, como ex en el Alto Palermo, con alguien en South Dakota en un restaurant de su pueblo (Algo así como Lions en el nuestro, o El cuartito en Capital). Y ve cómo el tiempo hizo que una historia se convirtiera en dos. Porque el tiempo pasa para todos, y en las bifurcaciones nuevas cosas se construyen. Y, según esta cantante, el dolor deja lugar a la nostalgia mezclada con la sensación de que cuando un proyecto cae, otro se erige...y las despedidas a veces son necesarias. Eso es "Good in Goodbye". Bueno, eso adornado con que el otro está feliz con una hija y ella es una super estrella diosa con un super novio super estrella.
 "¿Cuándo pasa eso?". No lo de la super estrella, lo de ver el "good" en "goodbye". Escucho esa canción sabiendo que algún día va a pasar eso. Porque seamos honestas, todas tenemos un prontuario que respalda empíricamente esta canción. 
 "Yo quiero adelantar el tiempo y llegar a eso, que hablemos nuevas cosas, que me preocupe si me sale un granito o se me rompe una cartera. Pensar a dónde me voy a ir de vacaciones y no olvidarme de comprar pilas para el control remoto".
 La música refleja nuestro estado de ánimo, porque nuestro ánimo controla nuestro Ipod. Me pregunto si podemos alterarlo artificialmente conectándonos directamente a Lady Gaga, pero estoy 86% segura de que va a ser un experimento fallido.
 Tengo miedo de cristalizar demasiadas canciones en una historia. Eso significaría tener que renovar mi discografía íntegra cuando haya llegado al momento que decidí llamar "Carrie Underwood State", o "lo bueno en el adiós". 
 Y me pregunto: ¿Cómo es el proceso de duelo de los  hombres? Porque en mi fantasía es juntarse con los amigos a comer picada e intercalar algunos momentos de silencio con anécdotas de Maradona. O darse una palmada en la espalda que dé paso a una serie de gastadas interminable. Pero ¿Y cuando están solos? ¿Escuchan canciones tirados en la cama? ¿Escriben canciones? ¿Lloran o esbozan un puchero? ¿Piden consejos a los amigos antes de mandar un e mail? ¿Chequean conexiones a Whatsapp? 
 "Nosotras tenemos que ocuparnos de lo que te pasa a vos". Bueno sí, pero yo quiero saber qué hacen los demás. Porque, seamos honestas con nosotras mismas y no seamos tontas; si funciona, hay que copiarlo. La imitación de conductas superiores es clave en la supervivencia. ¿O el infante no empieza a aprender por imitación? Piaget nivel inicial.
 Escucho canciones, escucho canciones y escucho canciones y "no encuentro escritas las soluciones"...."mojan (el) recuerdo, y después se van". Y no "vuelven hacia atrás", yo vuelvo hacia atrás.
 Y es que así es la vida para nosotras hasta que descifremos esa forma más evolucionada del duelo...repetir, tramitar hasta que "Good in goodbye". 
 ¿Cuántas canciones más voy a gastar? Porque ya llegué a Daniela Herrero, no queda mucho resto.


lunes, 21 de julio de 2014

I could fight sick revenge...but that´s not who Iam.

"Vos te angustiás y te obsesionás".

 De un lado maleza, y del otro el pasto verde flúo, brillante como nunca lo vieron. Eso es la histeria como yo la entiendo, la fantasía de que el (la) otro (a) fluoresce (la inventé, CLARAMENTE).
 "¿Qué sentís?" "Estoy triste, pero en forma de bronca. Me da bronca". 
 Y le explico que aunque yo sé y ella sabe que la fantasía del pasto celestial en el otro jardín no es más que eso, una fantasía con tinte de obsesión, no puedo salirme de ese círculo neurótico. Y quedo cual Dora pensando que ese parque donde la bronca se disemina existe, capturada en una imagen que uno mismo construye. 
 Supe pensar que la bronca nace de ella misma. Y en un mundo perfecto que roza lo arcaico e infantil, se extingue con un poco de ácido en el verde flúo. Ácido de lado, análoga sería la escena del video donde Kelly Clarkson corta toda la ropa del vestidor de su ex...Aunque en este caso no hay vestidores, hay playstations, en el mejor de los casos.
 Pero ¿de qué serviría? Porque honestamente prefiero quedar atrapada en la mirada al verde esperanza, antes que rodeada de maleza. Si despedazo la ropa del vestidor...me quedo sin ropa.
 Hace doce meses que pienso en algo que tengo que contarle a mi psicóloga de esta historia, eso que no le conté a nadie. Hace doce meses que me "olvido", solamente para acordarme cuando estoy en la puerta despidiéndome de ella. Pero hoy, mientras acomodaba mi vestido de terciopelo negro en el cuero, mientras respiraba entre las primeras tres lágrimas y medio sollozo que dejo que visiten su consultorio, mientras repetía incesantemente que oscilo entre la tristeza y la bronca; se lo conté. No importa qué...se me "escapó".
 Y pienso. Pienso que es irónico. Es irónico que algo que fue tan importante por su contenido hace un año y dos meses, hoy sea relevante por su silencio y no por su historia. Entonces me doy cuenta que la bronca no nace de ella misma. Nace de la falta de lugar, nace de la palabra no dicha.
 "Vos ahorraste muchas palabras, y no solamente para vos". Es verdad. Nos ahorré palabras. Lo cual es más que irónico, considerando que suelen sobrarme en escenarios ajenos. Pero en mi necesidad de control, me callé la boca e hice lo que mejor hago. Dí direcciones, me saqué el pelo de la cara con un movimiento brusco de "acá no pasó nada", cerré con llave y agrandé mi placard.
 "Tengo un poquito de ganas de hacerle mal, un poquito...poquitito, creo". ¿Les pasó alguna vez? Yo con la verbalización de ese deseo, me dejé caer. Porque no tengo ganas de hacerle mal a nadie. El peor mal que puedo hacer es matar arañas, y solamente porque no puedo dormir si sé que siguen en la habitación. 
 Cuando era chica, rompí las piernas del Ken de mi hermana sin querer (cross my heart). Cuando lo descubrió, le dí mi Ken para aplicar la ley del Talión...Porque pensaba "ojo por ojo". Ella rompió las piernas del único novio de Barbie que nos quedaba. ¿Qué descubrí? Ojo por ojo, nos quedamos ciegas...o sin Ken. Barbie salió un año con Kenes que iban en zapatos como si fueran sillas de ruedas.
 Me callé, y estuvo mal. Porque lo que guardamos al fondo del placard, no desaparece mágicamente. Lo no dicho siempre pugna por expresarse...en el cuerpo, en los resúmenes de nuestras tarjetas, entre líneas. Y empuja hasta que se hace palabra. 
 "Vos te angustiás y te obsesionás". ¿No nos pasa a todas? Nos obsesionamos con el verde esperanza, por la angustia de la maleza, por ese germen de deseo de hacerle "un poquitito mal", de pisar todo el pasto. Porque sí, a veces pisaría todo el pasto flúo hasta que no quede nada. ¿O hasta la uniformidad de la maleza? 
 Y hasta que descifremos cómo sembrar en lo árido, les presto mi reflexión del día: La venganza, no es quien soy...y VISA no ara la tierra, pero ayuda.
 Y eventualmente les contaré, si las palabras atenúan las tendencias...aunque estén fuera de tiempo, y lugar.


miércoles, 16 de julio de 2014

I will love again

"Nos pasa siempre tan lo mismo todo el tiempo"...
 Y sí...Una de dos, o los guionistas de Guapas tuvieron acceso a nuestros diarios íntimos, o nos pasa siempre lo mismo. Pero no a las Guapas y a mi, a todas...al género. Me animo hasta a incluir a la vida extraterrestre femenina o su  homólogo intergaláctico. 
 Y mientras me recupero, a base de fuertes recetas, del dolor más punzante de cabeza que tuve en mi vida; me amoldo a la triste sensación de que dejar de pensar es imposible. Porque hasta hundida en una migraña colosal, nuestra cabeza sigue maquinando...aunque más no sea sobre el dolor infrahumano que estamos sintiendo.
 "Parece dolor tensional, ¿te pasó algo?". "No (médica extranjera cuyo acento no reconozco), no me pasó nada que haya registrado concientemente (pero la neurosis sabe bien cómo escribir en el cuerpo)". Una inyección, cuatro pastillas...y me devolvieron mi cerebro en un 73% de funcionamiento.
 Con este 73% del cerebro, puedo remontarme a la última charla coherente que tuve antes de encerrarme en mi materia gris latente. ¿Contexto? Amigas, shopping, casa de té. Es todo un ritual si se ponen a pensar: Antes de llegar a una charla profunda, necesitábamos descargar energía y asirnos de algo positivo con lo que llegar a casa (Quien dice algo, dice más de uno). Es como cuando los jugadores de fútbol concentran, los monjes meditan para llegar a otro plano, los corredores comen carbohidratos o los músicos afinan los instrumentos. Nosotras compramos, apaciguamos la ansiedad y en cada percha que pasamos vamos juntando reflexiones.
 Y no es solo comprar, es también aprender a perder. Aprender a dejar atrás, porque no se puede tener todo. Es aprender a que a veces aunque el amor entre el tapado de descarne de Rapsodia y vos sea mutuo, hay que dejarlo pasar. Tal vez ahí esté la tensión que nubla nuestro pensar.
 ¿Alguna vez se tomaron un minuto para analizar desde raíz las charlas con amigas, scons de por medio? ¿Se dieron cuenta de que, por más que seamos diferentes, nos conecta más que el gusto o el estilo? ¿Cuántas veces la otra iba por la mitad de la historia y ustedes ya sabían el desenlace? ¿Saben por qué? "Porque nos pasa siempre tan lo mismo todo el tiempo". 
 Y, entre historias, nos "recauchutamos" las unas a las otras con explicaciones que mutan entre la razón y el cosmos. Respuestas que oscilan entre adjetivos despectivos y líneas de lectura cósmica. Porque o no era para vos, o géminis y escorpio no son complementarios. 
 No nos culpo, hay que armarse un poquito para entrar en análisis. Porque la verdad, ni él es un tarado, ni los signos tienen algo que ver en el matching. Y, mientras mis amigas prefieren aferrarse a las lecciones de "Simplemente no te quiere", yo prefiero consolarme con la idea de que tiene que haber un patrón.
 Porque ¿cuál es la base de la producción en masa? ¿cómo hacés para coser quince polleras iguales? Usas un patrón, un molde. Entonces, si nos pasa siempre tan lo mismo todo el tiempo, ¿no será porque cosemos siempre con las mismas instrucciones?
 Tal  vez la vida real pueda asimilarse a un proceso de selección de cualquier otro tipo. ¿Dónde podemos llegar aplicando siempre los mismos filtros? ¿Por qué es mejor malo conocido que bueno por conocer? ¿Por qué los hombres se empecinan en usar musculosa? ¿Y por qué las argentinas mueren por Donofrio, prototipo de bondiola e ideales; quien no pasaría ni un filtro btw?
 No lo sé. Entonces escucho en repeat y repeat a Lara Fabian, intentando convencerme de que podemos "amar" otra vez. Lo cual me resulta irónico, teniendo en cuenta que la canción se la dedica al ex, como si la superación fuera un trofeo que en algo le importe a él.
 Y en un agudo que irrita alguna vena algo sensible post-migraña, me ilumino. ¿Por qué nos pasa siempre tan lo mismo todo el tiempo? Contexto: Lara Fabian, "I will love again". Esta es claramente una canción dedicada a un ex para convencerlo de que ella va a amar otra vez, aún cuando le lleve una vida superar el vínculo. Entonces ¿Cómo no te va a pasar siempre tan lo mismo todo el tiempo? Si todas las historias intentan reparar una misma historia o replicar un mismo vínculo. Es como recortar un triángulo e intentar insertar un círculo en el vacío que deja. Es imposible, hay que buscar sustitutos de formas similares. 
 ¿Saben por qué les gusta Donofrio? Donofrio, una persona que seguro tiene olor a torta frita todo el tiempo, frases esperanzadoras y abrazos cuando los necesitan; un hombre que posiblemente es dueño de tres buzos de jogging y le quedan pocos años sin panza, usa más crema enjuague que ustedes y llora con Bambi. Les gusta porque es la esperanza de romper el patrón. Es la ilusión de alterar los filtros de selección. 
 Tenemos siempre las mismas charlas, porque nos pasan siempre las mismas cosas; con distintas personas y detalles de color. Lara Fabian dice que vamos a amar otra vez...y yo les digo que sí, seguro. Porque no se trata de enamorarse o no, eso no está en duda. Yo amo todo el tiempo...amo mis Hunter y a mi smart, amo amigos y el sin parar de chocolate. Me enamoro tres días por semana en el subte, y en mi cabeza ya me casé quince veces. Pero lo que está en juego realmente no es eso, sino la estabilidad del vínculo. Porque desde donde lo veo a veces (el vínculo real) es muy como el tapado de descarne de Rapso: Se ve lindo, pero pesa un huevo y sale mucho más.
 Pero lo queremos...queremos el tapado. Por eso nos pasa siempre tan lo mismo todo el tiempo...a todas, o casi todas.

Jaque al Rey...

            Hace tiempo empecé a experimentar una sensación. De esas que nacen del medio del esternón y te contraen como si fueras a echar...