miércoles, 30 de julio de 2014

I don´t wanna talk, I wanna kiss and make up.

 Hace un tiempo alguien cuestionó esa necesidad de llenar todo de palabras, de darle un sentido a absolutamente cualquier hecho y sobrecargar los escenarios de significantes. Y honestamente, tiene razón. ¿Por qué tenemos que analizar todo? A veces está bueno no hablar sobre algunas cosas.
 "Estaría bueno que habláramos". Puede ser, o no. También podemos no hablar, después de todo a veces las palabras se acaban y necesitan resurgir de los hechos. 
 ¿Y si no hablamos tanto? ¿ Y si no teorizamos tanto sobre todo? Manejo más teorías que carteras últimamente. La teoría de contar números para bajar la ansiedad, la del plazo de dos meses para que "nazca" el amor, la idea de que si abre los ojos cuando te besa no te quiere, la teoría de no mezclar azul marino y negro, o la de que todas las Jennifer son fáciles. La concepción de que si leí el whatsapp y no contesté antes de los 5 minutos no me interesas; la cosmovisión ajena de que si un hombre y una mujer son amigos, indefectiblemente uno está enamorado del otro, o no se pueden enamorar. La aseveración de que lo salado no es desayuno, y lo dulce no es cena. ¿ Y si no teorizamos?
 A veces las invitaciones a hablar, sirven de excusa para no hablar. Y tras esa invitación siempre hay una fantasía de concretar hechos, y por hechos léase no solo una caricia, puede ser una cachetada. 
 No quiero hablar, y eso me dice últimamente mi actividad onírica. Bueno, eso me dice a mí; a mi psicóloga le dice otra cosa. Pero ésto último es porque ella tiene el poder freudiano de unir dos sueños y tres frases en una explicación que quiebra la lápida de mi personalidad, la cual yo creía ya cristalizada. 
 "No sé qué le diría, es una sensación poco clara que roza un par de ideas y algunos impulsos". Y entonces dejo dispararse por ósmosis esta idea a varios escenarios, porque no tengo ganas de explicarle o decirle nada a nadie. 
 ¿No sería más fácil todo así? Ahorrarnos palabras y ser seres de nuestros impulsos. Que no haga falta hablar, simplemente besar y arreglar las cosas. O no arreglar nada.
 No tener que hablar, no tener que explicarle a mi vecino que canta para el orto y nunca va a llegar al estrellato, por más Master Tune que inunde el mundo. No tener que explicarle, entrar a su depto y patear su máquina de karaoke que vibra al ritmo de "Perfume" de Britney. No tener que explicarle a alguien por qué un día caminamos, al otro nos arrastramos y al siguiente volamos.
 Pero el lunes voy a tener que contarle este sueño a mi terapeuta, y sé lo que me va devolver. Me va a ayudar a darme cuenta que las estructuras que funcionan como la mía, viven los impulsos con culpa. Y yo voy a preguntarme por qué un aparato mental tan sofisticado insiste en desfigurar deseos por la noche, que planea castigar por la mañana.
 Lo único que me gusta de los sueños, es que me muestran cosas de las que no me percaté en la vigilia. Y llevan mi atención a personajes que se escaparon de mi radar. Lo que no me gusta, es que arruinan mi sueño de belleza y no me dan soluciones. 
 ¿Resultado? Mails que confirman shipments de ropa para el verano argentino. Porque no quiero hablar, y ese es el único impulso que puedo vivir con un quantum coherente de culpa masoquista.
 La adolescencia es esa etapa nefasta para cualquier ser humano. Mucha hormona, poco estilo, demasiado llanto. Pero tiene esa magia impulsiva donde podíamos actuar, sin tanta recriminación. Besar a tres en una noche, sin que se convierta en prostitución. Desenamorarte en una semana y reinventarte en tres días. 
 En ese sentido, sería bueno ser un poco más adolescente. No perder tiempo, cuando no querés hablar y querés besar o simplemente existir en un mismo espacio físico. Ser más físico, menos mental...porque algunas cosas; son físicas, aún cuando hagan estragos en la mente cual pintura rupestre en una cueva. 
 "I don´t wanna talk, I wanna kiss and make up". Bueno, y hablar un poquito cuando hay que respirar. 



lunes, 28 de julio de 2014

Now you are standing just an inch from my face,,,

"A mi me parece que ustedes están demasiado juntos, para estar separados".

 Hoy me levanté pensando que no me importa nada Masterchef. No sé qué es, no lo vi y entra en mi lista de cosas que no voy a ver... como Forest Gump. Son esas etiquetas que inundan la web y hacen que uno se sienta un outcast, como no saberte la letra de la canción de moda. 
 Y mientras pienso esto, me doy cuenta que estoy congelada. Y reflexiono sobre cómo, mientras más tiempo pasa una encerrado, más se congela. Entonces agarro el control remoto de una de las pocas cosas que podemos controlar y ¿saben qué? Shame on me, el aire estaba en "frío". 
 Me congelo, porque sin querer cambié el aire acondicionado de "frío" a "calor". Y me pregunto si cuando nos "congelamos" en otro sentido, no tiene que ver también con algún error de cálculo personal. 
 "Qué tarada, puse el aire en frío, con razón tenía piel de gallina". Frase que traslado a lo personal, cuando pienso que puse el ojo donde no puse la bala. Porque es una misma la que apunta a las situaciones. "Qué tarada, puse el ojo y no puse la bala". Con razón me quedé embelesada en circunstancias ajenas cual escena de telenovela. 
 Bueno, hoy paso de frío a calor; y saco la mira de donde rebotan municiones. Porque hay que aprender a dejar de apuntar a chalecos antibala. Es como enamorarte de un gay, querer cambiar el color de piel o despertarte sin frizz. Son cosas que solo Michael Jackson pudo lograr...y mi vida, de Michael, solo tiene Thriller.
 Y mientras imagino campos de batalla, porque el terreno sentimental es eso, un campo de batalla; pienso en Cupido otra vez. Un Cupido que dejó el arco y flecha, y usa un calibre 32.  Uno pensaría que el Invierno es temporada baja para esta especie de enano alado en pañales, pero parece no descansar. El problema es que no solo dejó el arco, también dejó el amor...y lo cambió por acercamientos pedorros de boliche.
 No entiendo las estrategias últimamente...y aunando comentarios y teorías de pares situacionales, hago agua en algunos puntos, y luz en otros. Entonces llego a "la estrategia masculina de boliche".
 Escena: Estás bailando, te das vuelta y (él) está a una pulgada de tu cara. Y me pregunto si en el imaginario social de su género eso funciona, porque honestamente el feedback que recibo (y que doy) es el mismo: Invasión de espacio físico y aliento muy cerca de mi cara (ughh).
 Opciones: A) Bailás sutilmente para atrás y desaparecés con gracia. B) Te hacés la que viste a alguien y te vas. C) Hablás con tus amigas. D) Sin sutilezas, bailas para atrás y movés la cabeza al ritmo de "No" (it ain´t gonna happen). D) (Mi preferida) Mueca de asco, le das vuelta la cara y cerrás la ronda. 
 Y estas estrategias físicas siguen. Es más que su cara a una pulgada de la tuya, son abrazos poco discretos, manos en caderas y frases que si se materializaran, serían aceite usado de Mac Donald´s.
 Pero ¿saben qué? No hace falta hacer mucho trabajo de campo para entender por qué estas tácticas siguen en el campo de batalla. ESTÁN RESULTANDO. ¿Por qué? Por lo que llamamos "minusas". Sí, esta especie está mal acostumbrando a un género que tiene las cosas muy fáciles. 
 Charla de baño: (Chica borracha, vestido del largo de un top de Barbie) "Me hago pis". (Yo) "Todas...cruzá las piernas que esta fila es más lenta que liquidación de Jazmín Chebar". Y entonces me empieza a contar su vida, entre tropezones e intentos de llevarse la pierna derecha a la cabeza cual contorsionista (Cross my heart) "Me apreté a uno del trabajo". (¿A uno?) "Boluda (ya eramos íntimas) ¿lo pensaste bien? El lunes lo tenés que ver...". "Sí". "¿Lo pensaste sobria, aparte de borracha?"...Entramos, me la encuentro de nuevo en el espejo, le hago un halago falso sobre su pelo rojo crayón Trabi y le deseo suerte cuando la realidad post boliche golpee su puerta.
 OBVIO que nos van a poner la cara a una pulgada de la cara, con la idea de que ni siquiera necesitan decirnos cosas lindas y coherentes. OBVIO que nos van a acercar de la cintura al ritmo de Nene Malo y OBVIO que no nos van a llamar. Si el pelo de crayón trabi está elongando en el baño y no piensa las consecuencias.
 ¿Saben cuál es la esencia del deseo? (Psicoanalistas abstenerse). Es la falta, un vacío que se va corriendo. Es poder posponer algo, hacerlo esperar...conocerlo. 
 La esencia del boliche es usar un short de sus Nenucos y elongar en la puerta del baño, dejar que les respiren en la cara o les midan la cintura. Lo expeditivo y fugaz viene en forma de "minusa".
 La esencia de la calidad, está en la retirada estratégica. Porque cuando te paras a una pulgada de mi cara, no te puedo ni mirar y no te pude ni desear. Por suerte  cuando "estás parado a una pulgada de mi cara, I know exactly how to shake you up". 
 Me gustaría decirles que podemos enfrentar fuego contra fuego, pero esto no es un video de Ricky Martin, y no quiero que terminen toqueteadas en algún boliche, como tampoco quiero ratificar esta estrategia pedorra del sexo opuesto. Cuando las minusas dominen la noche, yo voy a abrazarme a mi tapado de piel y retirarme con dignidad...Porque a una pulgada de mi cara, solo quiero cosas de calidad.

martes, 22 de julio de 2014

Solo tus canciones me parece escuchar...

 Cuando era chica escribía canciones de todo lo que me pasaba. Canciones sobre no querer hacer la tarea, sobre el chico que me gustaba, sobre pelearme con amigas o lo que le iba a pedir a los Reyes Magos. Y lo hice hasta hace algunos años, porque para mí escribir siempre fue una forma de tramitar y cristalizar a la vez.
 A  veces no sé cómo sentirme en el caos, y entonces escucho música. ¿Les pasó alguna vez? Creo que ya lo había expresado, esa idea de tener una canción para cada momento.
 Pero es más que ponerse en contacto con lo que uno siente, a veces es ponerse en contacto con el deseo de un estado futuro. 
 Cuando no sé cómo explicarle a mi psicóloga qué me pasa, a veces uso analogías o referencias musicales. Suelo traducirlas, porque todavía no llegamos a esa conexión donde me permito hablarle un tercio en castellano, un tercio en inglés y el otro en mi propio idioma. 
 "Deseo y temo a la vez, ese momento en el que llegue a sentirme como Carrie Underwood en su canción Good in Goodbye". Y entonces tuve que explicarle de qué hablaba, porque aparentemente soy la única argentina en contacto con esta artista country.
 Me gusta la música country, porque es un género que suele tener letras con mucha historia. Estos autores encuentran la forma de que una historia entre en ocho estrofas y tres notas. Es un poco como la vida, que entra en unos años y tres sentimientos.
 Y le cuento sobre otras historias, que en su momento quemaban con una actualidad que se grababa en una sensación de "para siempre" y, hoy, son  lindos recuerdos. ¿No podemos empatizar todas con eso? Piensen en el primer chico que les rompió el corazón. Ese chico con el que soñaban vivir en el campo y con el que pensaban que ser adultos era tener 30 años (que eran sinónimo de tener 50 cuando teníamos 15). Finito, acabado=heartbroken. ¿Resultado? Desolación insalvable que asumieron iba a ser su compañía eterna. ¿Y hoy? Es un contacto en facebook, o un extraño en la vereda..."Y hoy me importa una mierda".
 Entonces le cuento la historia de Carrie Underwood. Que, para ser honesta, me pone un poco nostálgica, pero también esperanzada. Porque cuando ella canta sobre el "Good" en "Goodbye", cuenta desde el futuro, lo que uno no ve en el presente.
 Lo bueno del adiós, se ve en el tiempo. Y Carrie se cruza, como ex en el Alto Palermo, con alguien en South Dakota en un restaurant de su pueblo (Algo así como Lions en el nuestro, o El cuartito en Capital). Y ve cómo el tiempo hizo que una historia se convirtiera en dos. Porque el tiempo pasa para todos, y en las bifurcaciones nuevas cosas se construyen. Y, según esta cantante, el dolor deja lugar a la nostalgia mezclada con la sensación de que cuando un proyecto cae, otro se erige...y las despedidas a veces son necesarias. Eso es "Good in Goodbye". Bueno, eso adornado con que el otro está feliz con una hija y ella es una super estrella diosa con un super novio super estrella.
 "¿Cuándo pasa eso?". No lo de la super estrella, lo de ver el "good" en "goodbye". Escucho esa canción sabiendo que algún día va a pasar eso. Porque seamos honestas, todas tenemos un prontuario que respalda empíricamente esta canción. 
 "Yo quiero adelantar el tiempo y llegar a eso, que hablemos nuevas cosas, que me preocupe si me sale un granito o se me rompe una cartera. Pensar a dónde me voy a ir de vacaciones y no olvidarme de comprar pilas para el control remoto".
 La música refleja nuestro estado de ánimo, porque nuestro ánimo controla nuestro Ipod. Me pregunto si podemos alterarlo artificialmente conectándonos directamente a Lady Gaga, pero estoy 86% segura de que va a ser un experimento fallido.
 Tengo miedo de cristalizar demasiadas canciones en una historia. Eso significaría tener que renovar mi discografía íntegra cuando haya llegado al momento que decidí llamar "Carrie Underwood State", o "lo bueno en el adiós". 
 Y me pregunto: ¿Cómo es el proceso de duelo de los  hombres? Porque en mi fantasía es juntarse con los amigos a comer picada e intercalar algunos momentos de silencio con anécdotas de Maradona. O darse una palmada en la espalda que dé paso a una serie de gastadas interminable. Pero ¿Y cuando están solos? ¿Escuchan canciones tirados en la cama? ¿Escriben canciones? ¿Lloran o esbozan un puchero? ¿Piden consejos a los amigos antes de mandar un e mail? ¿Chequean conexiones a Whatsapp? 
 "Nosotras tenemos que ocuparnos de lo que te pasa a vos". Bueno sí, pero yo quiero saber qué hacen los demás. Porque, seamos honestas con nosotras mismas y no seamos tontas; si funciona, hay que copiarlo. La imitación de conductas superiores es clave en la supervivencia. ¿O el infante no empieza a aprender por imitación? Piaget nivel inicial.
 Escucho canciones, escucho canciones y escucho canciones y "no encuentro escritas las soluciones"...."mojan (el) recuerdo, y después se van". Y no "vuelven hacia atrás", yo vuelvo hacia atrás.
 Y es que así es la vida para nosotras hasta que descifremos esa forma más evolucionada del duelo...repetir, tramitar hasta que "Good in goodbye". 
 ¿Cuántas canciones más voy a gastar? Porque ya llegué a Daniela Herrero, no queda mucho resto.


lunes, 21 de julio de 2014

I could fight sick revenge...but that´s not who Iam.

"Vos te angustiás y te obsesionás".

 De un lado maleza, y del otro el pasto verde flúo, brillante como nunca lo vieron. Eso es la histeria como yo la entiendo, la fantasía de que el (la) otro (a) fluoresce (la inventé, CLARAMENTE).
 "¿Qué sentís?" "Estoy triste, pero en forma de bronca. Me da bronca". 
 Y le explico que aunque yo sé y ella sabe que la fantasía del pasto celestial en el otro jardín no es más que eso, una fantasía con tinte de obsesión, no puedo salirme de ese círculo neurótico. Y quedo cual Dora pensando que ese parque donde la bronca se disemina existe, capturada en una imagen que uno mismo construye. 
 Supe pensar que la bronca nace de ella misma. Y en un mundo perfecto que roza lo arcaico e infantil, se extingue con un poco de ácido en el verde flúo. Ácido de lado, análoga sería la escena del video donde Kelly Clarkson corta toda la ropa del vestidor de su ex...Aunque en este caso no hay vestidores, hay playstations, en el mejor de los casos.
 Pero ¿de qué serviría? Porque honestamente prefiero quedar atrapada en la mirada al verde esperanza, antes que rodeada de maleza. Si despedazo la ropa del vestidor...me quedo sin ropa.
 Hace doce meses que pienso en algo que tengo que contarle a mi psicóloga de esta historia, eso que no le conté a nadie. Hace doce meses que me "olvido", solamente para acordarme cuando estoy en la puerta despidiéndome de ella. Pero hoy, mientras acomodaba mi vestido de terciopelo negro en el cuero, mientras respiraba entre las primeras tres lágrimas y medio sollozo que dejo que visiten su consultorio, mientras repetía incesantemente que oscilo entre la tristeza y la bronca; se lo conté. No importa qué...se me "escapó".
 Y pienso. Pienso que es irónico. Es irónico que algo que fue tan importante por su contenido hace un año y dos meses, hoy sea relevante por su silencio y no por su historia. Entonces me doy cuenta que la bronca no nace de ella misma. Nace de la falta de lugar, nace de la palabra no dicha.
 "Vos ahorraste muchas palabras, y no solamente para vos". Es verdad. Nos ahorré palabras. Lo cual es más que irónico, considerando que suelen sobrarme en escenarios ajenos. Pero en mi necesidad de control, me callé la boca e hice lo que mejor hago. Dí direcciones, me saqué el pelo de la cara con un movimiento brusco de "acá no pasó nada", cerré con llave y agrandé mi placard.
 "Tengo un poquito de ganas de hacerle mal, un poquito...poquitito, creo". ¿Les pasó alguna vez? Yo con la verbalización de ese deseo, me dejé caer. Porque no tengo ganas de hacerle mal a nadie. El peor mal que puedo hacer es matar arañas, y solamente porque no puedo dormir si sé que siguen en la habitación. 
 Cuando era chica, rompí las piernas del Ken de mi hermana sin querer (cross my heart). Cuando lo descubrió, le dí mi Ken para aplicar la ley del Talión...Porque pensaba "ojo por ojo". Ella rompió las piernas del único novio de Barbie que nos quedaba. ¿Qué descubrí? Ojo por ojo, nos quedamos ciegas...o sin Ken. Barbie salió un año con Kenes que iban en zapatos como si fueran sillas de ruedas.
 Me callé, y estuvo mal. Porque lo que guardamos al fondo del placard, no desaparece mágicamente. Lo no dicho siempre pugna por expresarse...en el cuerpo, en los resúmenes de nuestras tarjetas, entre líneas. Y empuja hasta que se hace palabra. 
 "Vos te angustiás y te obsesionás". ¿No nos pasa a todas? Nos obsesionamos con el verde esperanza, por la angustia de la maleza, por ese germen de deseo de hacerle "un poquitito mal", de pisar todo el pasto. Porque sí, a veces pisaría todo el pasto flúo hasta que no quede nada. ¿O hasta la uniformidad de la maleza? 
 Y hasta que descifremos cómo sembrar en lo árido, les presto mi reflexión del día: La venganza, no es quien soy...y VISA no ara la tierra, pero ayuda.
 Y eventualmente les contaré, si las palabras atenúan las tendencias...aunque estén fuera de tiempo, y lugar.


miércoles, 16 de julio de 2014

I will love again

"Nos pasa siempre tan lo mismo todo el tiempo"...
 Y sí...Una de dos, o los guionistas de Guapas tuvieron acceso a nuestros diarios íntimos, o nos pasa siempre lo mismo. Pero no a las Guapas y a mi, a todas...al género. Me animo hasta a incluir a la vida extraterrestre femenina o su  homólogo intergaláctico. 
 Y mientras me recupero, a base de fuertes recetas, del dolor más punzante de cabeza que tuve en mi vida; me amoldo a la triste sensación de que dejar de pensar es imposible. Porque hasta hundida en una migraña colosal, nuestra cabeza sigue maquinando...aunque más no sea sobre el dolor infrahumano que estamos sintiendo.
 "Parece dolor tensional, ¿te pasó algo?". "No (médica extranjera cuyo acento no reconozco), no me pasó nada que haya registrado concientemente (pero la neurosis sabe bien cómo escribir en el cuerpo)". Una inyección, cuatro pastillas...y me devolvieron mi cerebro en un 73% de funcionamiento.
 Con este 73% del cerebro, puedo remontarme a la última charla coherente que tuve antes de encerrarme en mi materia gris latente. ¿Contexto? Amigas, shopping, casa de té. Es todo un ritual si se ponen a pensar: Antes de llegar a una charla profunda, necesitábamos descargar energía y asirnos de algo positivo con lo que llegar a casa (Quien dice algo, dice más de uno). Es como cuando los jugadores de fútbol concentran, los monjes meditan para llegar a otro plano, los corredores comen carbohidratos o los músicos afinan los instrumentos. Nosotras compramos, apaciguamos la ansiedad y en cada percha que pasamos vamos juntando reflexiones.
 Y no es solo comprar, es también aprender a perder. Aprender a dejar atrás, porque no se puede tener todo. Es aprender a que a veces aunque el amor entre el tapado de descarne de Rapsodia y vos sea mutuo, hay que dejarlo pasar. Tal vez ahí esté la tensión que nubla nuestro pensar.
 ¿Alguna vez se tomaron un minuto para analizar desde raíz las charlas con amigas, scons de por medio? ¿Se dieron cuenta de que, por más que seamos diferentes, nos conecta más que el gusto o el estilo? ¿Cuántas veces la otra iba por la mitad de la historia y ustedes ya sabían el desenlace? ¿Saben por qué? "Porque nos pasa siempre tan lo mismo todo el tiempo". 
 Y, entre historias, nos "recauchutamos" las unas a las otras con explicaciones que mutan entre la razón y el cosmos. Respuestas que oscilan entre adjetivos despectivos y líneas de lectura cósmica. Porque o no era para vos, o géminis y escorpio no son complementarios. 
 No nos culpo, hay que armarse un poquito para entrar en análisis. Porque la verdad, ni él es un tarado, ni los signos tienen algo que ver en el matching. Y, mientras mis amigas prefieren aferrarse a las lecciones de "Simplemente no te quiere", yo prefiero consolarme con la idea de que tiene que haber un patrón.
 Porque ¿cuál es la base de la producción en masa? ¿cómo hacés para coser quince polleras iguales? Usas un patrón, un molde. Entonces, si nos pasa siempre tan lo mismo todo el tiempo, ¿no será porque cosemos siempre con las mismas instrucciones?
 Tal  vez la vida real pueda asimilarse a un proceso de selección de cualquier otro tipo. ¿Dónde podemos llegar aplicando siempre los mismos filtros? ¿Por qué es mejor malo conocido que bueno por conocer? ¿Por qué los hombres se empecinan en usar musculosa? ¿Y por qué las argentinas mueren por Donofrio, prototipo de bondiola e ideales; quien no pasaría ni un filtro btw?
 No lo sé. Entonces escucho en repeat y repeat a Lara Fabian, intentando convencerme de que podemos "amar" otra vez. Lo cual me resulta irónico, teniendo en cuenta que la canción se la dedica al ex, como si la superación fuera un trofeo que en algo le importe a él.
 Y en un agudo que irrita alguna vena algo sensible post-migraña, me ilumino. ¿Por qué nos pasa siempre tan lo mismo todo el tiempo? Contexto: Lara Fabian, "I will love again". Esta es claramente una canción dedicada a un ex para convencerlo de que ella va a amar otra vez, aún cuando le lleve una vida superar el vínculo. Entonces ¿Cómo no te va a pasar siempre tan lo mismo todo el tiempo? Si todas las historias intentan reparar una misma historia o replicar un mismo vínculo. Es como recortar un triángulo e intentar insertar un círculo en el vacío que deja. Es imposible, hay que buscar sustitutos de formas similares. 
 ¿Saben por qué les gusta Donofrio? Donofrio, una persona que seguro tiene olor a torta frita todo el tiempo, frases esperanzadoras y abrazos cuando los necesitan; un hombre que posiblemente es dueño de tres buzos de jogging y le quedan pocos años sin panza, usa más crema enjuague que ustedes y llora con Bambi. Les gusta porque es la esperanza de romper el patrón. Es la ilusión de alterar los filtros de selección. 
 Tenemos siempre las mismas charlas, porque nos pasan siempre las mismas cosas; con distintas personas y detalles de color. Lara Fabian dice que vamos a amar otra vez...y yo les digo que sí, seguro. Porque no se trata de enamorarse o no, eso no está en duda. Yo amo todo el tiempo...amo mis Hunter y a mi smart, amo amigos y el sin parar de chocolate. Me enamoro tres días por semana en el subte, y en mi cabeza ya me casé quince veces. Pero lo que está en juego realmente no es eso, sino la estabilidad del vínculo. Porque desde donde lo veo a veces (el vínculo real) es muy como el tapado de descarne de Rapso: Se ve lindo, pero pesa un huevo y sale mucho más.
 Pero lo queremos...queremos el tapado. Por eso nos pasa siempre tan lo mismo todo el tiempo...a todas, o casi todas.

sábado, 28 de junio de 2014

No sé cómo lograr mi alma reparar...

 Últimamente me dedico a escuchar, sin escuchar, reflexiones ajenas. Y pienso, no sobre las miradas de los otros, sino sobre lo fácil que es dar consejos desde una óptica exterior a una situación. 
 "En casa de herrero, cuchillo de palo". Los contadores no llevan necesariamente excels de su economía hogareña, los masajistas se contracturan y los médicos se enferman. Los técnicos no cambian las lamparitas de sus casas, los choferes caminan y los cocineros piden delivery. Y los psicólogos, somos neuróticos (en el mejor de los escenarios). 
 Hace casi una semana, acomodada perfectamente de coté en el diván de cuero de mi terapeuta; estaba en el medio de los monólogos que me caracterizan. Sosteniendo que por primera vez no tengo una lista o un plan para una situación puntual que me acecha; contándole suposiciones que decantan cuando uno suma uno más uno, cerrando cada frase con mi trillado "está muy bien". 
 "¿Qué sentís? Parece que no te moviera nada esto que decís". Mi oído pago de los lunes se refería a la simple suma de hechos supuestos. Y entonces por primera vez en un año me quedé completamente callada y tuve que mirar la pared blanca, porque el contacto visual se me hizo insostenible.
 A veces con la pregunta adecuada, en el momento justo, las palabras pueden moverse como un puzzle en la cabeza. Es como cuando ganabas el solitario en las compus viejas...al final del juego las cartas que estratégicamente colocaste una a una para salir airosa de la partida, volaban por toda la pantalla. Era como si nunca hubieras jugado.
 "¿Qué sentis?". Y volaron las cartas de la partida. Porque no pude hacer conexiones mentales para salir airosa de la situación. Es como cuando alguien mezcla tres estampados y texturas diferentes, usa collar Y vincha, y te pregunta "¿Estoy bien?". Las neuronas dejan de hacer sinapsis y una tarda tres minutos reloj en generar una respuesta políticamente correcta, pero que nos permita mantener nuestra dignidad. Porque DE NINGUNA MANERA hay que avalar con palabras la errónea combinación de texturas.
 Miré la pared y voló la baraja. Y, aunque mi terapeuta no tiene espejos (cosa que ya le reproché tres veces), sé que puse mi distintiva mirada de preocupación. Y los tres minutos que tardé en contestar con un político "Está bien...ahora no siento", junto con mi cambio de respiración, bastaron. 
 Y no quise volver la mirada a ella, porque si algo caracteriza a mi psicóloga es su fruncida de labios y ojos de gato de Shrek apiadándose de mis intelectualizaciones y maquinando alguna estrategia terapéutica para que mi Superyo salga de su puesto de combate. 
 Pero hay algo que nos une. Freud lo llamaría transferencia...yo lo llamo supervivencia. Porque, aunque sea más fácil para mi entrar en una relación transferencial con Zara; ella sabe, que yo sé. Yo sé que no quiero sentir, ella sabe que siento; y las dos sabemos que necesito hacer un poquito menos de sinapsis. 
 Lo que  siento en Junio es que necesito sweaters...y no los compré (Bueno...compré uno, pero en mi mundo matemático uno es cero). Miro la cima de mi placard, donde se ubican caóticamente los abrigos, y no entra ni un invisible, y me pregunto: ¿No tenés criterio boluda? Y entonces pienso en el mecanismo de desplazamiento y aplaudo a mi psiquismo. Lo aplaudo porque es más astuto de lo que pensaba. Aunque, por otro lado, es como un mono con navaja; porque su pequeño vericueto cuesta miles de pesos en terapia, más la inversión en sweaters y ni hablar del espacio.
 Y en un mano a mano donde mi psicóloga quiere hacerme ver que no nos conocimos porque era parte de mis planes, sino porque algo me movió a reencontrarme con el diván...intento minimizar situaciones y explicarle que yo necesito sentir que me queda algo de control.
 Y, como a veces mi guerra intrapsíquica se apiada de mi, por un rato puedo aceptar que la visito porque "no sé cómo lograr mi alma reparar"...Y le confieso que en mi mundo la gente no llora, porque "llorar no sirve de nada", te deforma la cara y te irrita la nariz. Y ella me confiesa que eso está mal, porque aparentemente la gente llora y eso está bien...Así que ahora, aparte de comprar sweaters, tengo que llorar cuando sumo uno más uno. Y como soy muy buena en matemática, ya sumé.

domingo, 22 de junio de 2014

it´s been a while, since I begged for anything...

 Cuando entro a una librería me pasa algo extraño. Experimento una sensación completamente distinta a la seguridad que siento cuando entro a un local de ropa. Cuando entro a estos cuartos repletos de libros, siento ansiedad. Ansiedad porque sé que estoy rodeada de historias que me gustaría incorporar por ósmosis.
 Tal vez de eso se trata leer, vivir la historia de otro mientras la propia vuelve al cauce. O por ahí proyectamos, porque es más fácil leerlo en un papel que tramitarlo en la cabeza. 
 Sea como sea, hace tiempo que me cuesta leer. Leí tres capítulos de cinco de los siete libros que compré. Y día por medio, los limpio como un accesorio más de mi casa, preguntándome si algún día voy a tener ganas de ver cómo terminan esas historias (o cómo empiezan).
 Y es que abrir un libro últimamente era resistir la tentación de leer la última hoja, supongo que para evitar sorpresas. Porque en la contratapa nunca te dicen la verdad de la historia. No te dicen si es realmente de amor, si hay extraterrestres o enfermedades. ¿Perdí la tolerancia a la sorpresa? 
 Bueno, en mi defensa, diría que NO. Lo que pasa es que para mí las sorpresas siempre vinieron en bolsas de Kosiuko, y serpentina, no en eventos desafortunados. Y es más que lógico que una mente inteligente quiera prepararse ante el imprevisto, por ejemplo leyendo la última hoja de un libro.
 Tal vez los libros tendrían que venir con un cuadro nutricional atrás. Pero en vez de calorías, deberían poner marcadores de emociones y conformidad con los finales. Como las Lays, que cuando las das vuelta dicen cuánta grasa tienen. Un libro que, cuando lo dé vuelta, diga "Vas a llorar un poquito", "No vale la pena", "Este no te lo olvidás más" o "Dejalo en la repisa y corré". (No sé si seguimos hablando de libros).
 Sea como sea. Entré a una librería para comprar un regalo, y lo vi. En un aparador que parecía ambientado para mí, lleno de colores fucsias y títulos eclécticos; había un libro de tapa salmón con letras gigantes. "Yo antes de ti". Y me quedé releyendo el título, creo que me tomó un minuto ir a la contratapa.
 No voy a detenerme en la historia que roza muchos clisés, pero logra atinar al punto simple del amor, mostrando que no se compone más que de momentos compartidos donde no tiene por qué haber fuegos artificiales en el aire.
 "Yo antes de ti". El título es simplemente una genialidad. Porque por sí mismo, atrapa cualquier ojo. Uno es siempre antes que algo, no hay nada que no nos marque. Yo antes de mis Hunter, odiaba más la lluvia; antes de probarlo, detestaba el Fernet y antes de tener tele en la habitación, no concebía comer en la cama. Piensen todos los "antes de"...antes de su primer beso, de la universidad; antes de esa cartera preferida, del push up y del rush rojo. Antes de sus mejores amigas, de la planchita o los maxi sweaters un día de pastas. Antes de que alguien les guste, sus músculos pre pilates o nuestras vidas antes de la tarjeta Sube. Siempre hay un antes, y un después, de algo.
 Por primera vez en un tiempo no quise leer la última página del libro. Quiero saber el final, y no quiero que se termine a la vez. Estoy dispuesta a recorrer la historia completa, reírme o llorar si es necesario.  Y todo ese circuito me hace pensar sobre el por qué no puedo leer últimamente. 
 No quiero sonar muy Nubeluz en su canción "Escapate con un libro". Pero la secuencia de la librería, me hace pensar. Simbólicamente digo...o literalmente, no lo sé. Quiero saber el final de "Yo antes de ti". No quiero que se termine, pero necesito seguir leyendo para saber qué pasa. Porque hasta que no llegue al final, voy a seguir dejando  historias en el tercer capítulo. Y algunas, para ser honesta, parecen interesantes. 
 La vida sería más fácil entre bolsas de Kosiuko y algunas sesiones menos de terapia. Pero supongo que sería como vivir en la última página de un relato. Y pasó mucho tiempo desde la última vez que rogué por algo, pero quiero más. Más historia supongo, o tal vez poder llegar al final y cerrar el libro. 


Jaque al Rey...

            Hace tiempo empecé a experimentar una sensación. De esas que nacen del medio del esternón y te contraen como si fueras a echar...