domingo, 22 de febrero de 2015

Red.

 En algún lugar del mundo, en Hollywood para ser más exactos, cientos de celebrities se visten de fiesta. Preparativos que empezaron hace horas, incluso semanas si consideramos los tratamientos exfoliantes y selección de outfits. ¿Ustedes qué hicieron? ¿Yo qué hice? Puedo decirles lo que no hice, no me preparé para ninguna alfombra roja, aunque sí me exfolié la cara. 
 Intercalar pizza fría y m & m´s, en un estado larvastic (inventada); eso es el domingo para mi. Son esos días en los que limpias tu piel y te vestís solo para seguir sintiéndote humana. Porque, seamos honestas, esta pollera de algodón floreado y encaje crudo NADA tiene que ver con la película que acabo de ver rodeada de almohadones y conectada a un chat de notas de audio. 
 "Larvastic Mode", es el término más canchero que se me ocurre para describir un domingo en el que me quedé dormida para mi único plan y tuve que reagendar. Pero, todo pasa por algo my dear friends. Y es que, mientras musicalizaba mi baño de inversión en Youtube (Vintage, lo sé), me crucé con el trailer de una peli que llamó mi atención. 
 Ultimamente, desde hace unos 29 años, me pregunto mucho sobre el amor. ¿Es un flechazo? ¿Es una construcción? ¿Cicatriza por segunda? ¿Tiene límite de edad? ¿Caduca? ¿Nace de la amistad, de la potritud (ser potro), del silencio, de los puntos en común? 
 No sabemos describir lo que es el amor y sin embargo lo añoramos. Caemos en reduccionismos de mariposas en el esófago o diamantes en la playa, alguien que te llama por un parlante para que no te subas a un avión o que confiesa sentimientos en una carta que llega de sorpresa a tu casa. 
 Creemos que el amor, es el amor de las películas. Pero, seamos honestos, la pantalla solo captura los gestos más grandes, dejando de lado la cotidianeidad. 
 ¿Qué es lo que añoramos entonces? Creo que son los gestos. No son los celos o la forma en la que el otro mastica, el mal humor o su buzo preferido. No es tener que compartir el espejo a la mañana o no poder elegir el lado de la cama. No son las peleas por lo que no decimos o las diferencias en lo que proyectamos. Añoramos los gestos, de ahí nace el amor y eso es lo que queda cuando se va. 
 Añorar no significa querer volver a donde estábamos, es pasar por algo que nos hizo bien porque quedó enlazado a una sensación. Es como las alitas bordadas en los jeans de Rapsodia: Nos recuerdan una linda época de jeans holgados y camisas de bambula; pero ya no están en la agenda del día. ¿Las vamos a volver a vestir? No, pero son símbolo de una era. 
 El amor solo puede nacer de los gestos. Pero no de cualquier gesto o en cualquier momento. Nace de los detalles y creaciones perfectamente situados en una  historia. 
 Esta historia que encontré hoy, tenía todos los gestos adecuados, en todos los momentos inadecuados. Y me hizo pensar, en la gente que tiene todos los gestos cuando nosotros no tenemos los momentos; y las personas que no tienen ningún gesto, cuando nosotros estamos en el momento. 
 Hollywood captura los gestos y los transforma en película, porque los gestos mantienen vivo el amor. Y una vez al año festejamos a los actores que mejor encarnan estos gestos y nos hacen sentir añoranza por esos momentos. ¿No seremos acaso todos merecedores de un Oscar? ¿No merecemos todos una invitación a la Oscar After Party? Hasta que se haga justicia, nos queda vestir nuestras polleras de encaje al lado de una coca light; mirando la red carpet, criticando vestidos y votando a los que mejor encarnan nuestras historias que, siempre, son de amor. 

lunes, 26 de enero de 2015

Te pido tan solo que seas consecuente...

 Vi una película dos veces, o dos películas una vez. La magia de ver largometrajes en distintos momentos de nuestra vida, es poder encontrarles distinto significado. 
 "Las novias de mis amigos". Nada super innovador, tal vez solamente una serie de clisés varoniles pegados en un video de hora y media. Pero lo poco innovador, a veces puede ser revelador. Porque la esencia de lo que se repite es que, a veces, lo dejamos de leer; y perdemos detalles importantes. 
 Tres amigos, una promesa de soltería para "disfrutar" un momento que solamente se genera cuando los astros se alinean. Veinteañeros que rozan los treinta, y están solteros todos al mismo tiempo. Todos super potros y exitosos, detalle que no se da ni cuando los astros se alinean en nuestro mundo. 
 Y uno de estos "amigos" define un momento mágico que está dando vuelta en varios de mis chats activos. El "SO" moment. En castellano no es tan sintético porque aunque el momento del "Entonces" quedaría más lindo y concreto, la frase suele ser más larga. Algo así como un "Hablemos de nosotros". 
 Es divertido pensar que esta película es una ventana a la mente masculina. Y, tal vez lo sea. Mi psicóloga dice que la mayoría de los hombres son "más simples". No hay nada oculto en un like, no hay segundo sentido en una afirmación, un silencio o un regalo. Son, lo que son. 
 Esta película no es un clisé. Es un eye opener. Los hombres no quieren "SO" moments. Cuando se llega al "Entonces (¿cómo sigue?¿qué somos?)", la mayoría de las veces se llega al final del camino. Porque, donde nosotras esperamos algo de luz en la ruta, esclarecer un futuro o encontrar una respuesta, ellos solo oyen "Entonces", y no entienden nada. 
 No entienden cuándo la situación fue propicia para que se generara el momento del "entonces", no entienden cómo algo que nunca empezó se puede acabar. Porque donde nosotras implantamos mariposas en pseudorelaciones que se extienden en semanas, ellos no implantan nada. Entonces te hacen un halago, te regalan un "ok", intentan extender el intercambio algunas semanas más; y después...nada. Donde vos terminaste una pseudorelación, ellos insertaron un signo de interrogación. 
 Nosotras necesitamos empezar y terminar cosas. Lo hacemos con "SO" moments o sus análogos: "En qué andás?" "Hace mucho no sé de vos", "Entonces", "Necesito hablar con vos", "Que somos". Siempre escondiendo la eterna pregunta que solo quiere saber qué quiere el otro de uno. 
 Creo que lo bueno de películas escritas por hombres, es tener la perspectiva de lo que realmente piensan y no de lo que nosotras pensamos que piensan. Porque no se acuestan pensando cómo sorprenderte el día que sigue, qué lindo es tu pelo o que el día anterior tenías un blazer nuevo. Ellos piensan que pensamos como ellos. Tal vez ni siquiera eso, no pueden ni concebir cómo pensamos. 
 En parte les doy crédito, porque pensamos de formas muy complejas, rebuscadas y únicas. Muchas de las películas escritas por mujeres para mujeres u hombres, son incomprensibles. Basta remontarse a la simple idea de que alguien en el mundo pueda querer que lave los platos porque él quiere lavar los platos, para entender el tremendo universo de confusión que implantamos en su cerebro. Y es que probablemente cuando lave los platos, te moleste que tarde o lo haga con agua fría. 
 Ellos ponen un like, mandan un mensaje a las 5 am, compran un collar de Isadora. Nosotras leemos que les gustó esa foto porque pensaba en nosotras, porque le gusta tu pelo y quiere que le hables. Leemos que no puede dormir porque se acuerda de una (yeah right) o que sabe que el largo de ese collar va con las proporciones de tu cuello y combina con la mayoría de nuestros relojes. 
 Pero no es así. Puso el like porque tu foto estaba en la cadena de fotos del home de instagram, porque le gusta la montaña de fondo y, acto seguido, le puso un like a una foto de un mono disfrazado, al ganador de un premio nobel y a una foto del hijo de Messi. Te mandó un mensaje a las 5 am porque ese fue el horario en el que tuvo tiempo y, sobre tu pelo, no saben lo que es el frizz, ¿ergo? no distinguen los días buenos de tu mundo capilar. 
 Seguimos leyendo entre líneas, donde no hay espacios para leer y generando "SO" moments que no hacen más que espantarlos. Tal vez esos momentos, no sean más que un radar de que una historia se termina. Tal vez haya que ser más sutiles y entender que, si se llega al "Entonces", se llega al final. 
 Porque digo, si son tan simples y consecuentes en su simpleza; si ponen like donde les gusta algo, no tendrías por qué llegar al "SO", simplemente te lo harían saber. 
 Creo también, que hay que ser consecuentes después del "Entonces". Podríamos aprender mucho del no escribir entre líneas, y dejar también nosotras de agendar contactos que se hacen amigos del Campari los sábados, cuando remontamos "Entonces" añejos, porque seguimos sin entender la simpleza de mensajes que no son señales. 
 Ser claras, concisas y directas tiene que ser una meta del 2015.
 Creo que encontré algo que les envidio a los hombres pero, hasta que Jazmín Chebar haga ropa masculina, me quedo con mi género. 

domingo, 28 de diciembre de 2014

What´s the name of the game?

 Termina un año más y, aunque me rehuso a clickear en mi película de facebook, no puedo evitar hacer balances. 
 Creo que en el fondo en realidad estoy buscando maneras de suplantar a mi psicóloga, que decidió irse de vacaciones en las últimas semanas de un 2014 intenso. 
 ¿Balances? Algunas teorías fallidas, varios pares de zapatos, unas cuantas bikinis y algunos tapados. Bastantes citas fallidas, el pelo algo más largo y nuevas lentes de contacto. Demasiados posts, la aceptación de la lechuga y fruta en mi vida, dos libros enteros y como cinco por la mitad. 
 ¿Por qué tenemos la necesidad de hacer balances? Los cortes de año son construcciones humanas, los mayas o whoever lo crearon hace milenios y; por alguna creencia mágica, creemos que cuando el reloj da las 00 Hs. al final del 31 de Diciembre, todo puede cambiar. ¿Es realmente el 31 de Diciembre un portal de oportunidades? ¿No es simplemente un día más? El lunes hay que volver a trabajar, tomar un taural y limpiar la casa. ¿Qué es lo que cambia en un año?
 ¿Es especial? Sí, solemos estrenar un vestido y tomar champagne. Pero, ¿no podemos estrenar vestidos todos los meses? 
 Este año fue especial, creo que, contra todo pronóstico, mejoré mi estilo y dejé de llorar ante problemas técnicos de mi departamento. Seguí construyendo teorías, contra todo quorum, y dejandolas caer ante las interpretaciones super smart de alguien que me cobra demasiado caro solo para no darme la razón en nada. 
 Tal vez mi resolución de año nuevo tendría que ser dejar de construir teorías ante la fugaz aparición de cualquier tipo de statement. Pero tranzar con esa meta, sería como aseverar que voy a dejar de ir de shopping y, TODOS sabemos, que eso no va a pasar. Soy optimista, no mentirosa. 
 ¿Entonces? Entonces en vez de empezar este año nuevo prometiendo no construir teorías (no tolero bien la frustración), y fallando en el intento, voy a empezarlo con una nueva idea. 
 No sé qué tan nueva o innovadora sea, porque en realidad creo que la llegué a esbozar en algún momento...probablemente antes de llegar a mi fase de pseudo feminismo Kelly Clarkson´s style.
 Alguien me dijo una vez que la vida no se trata de estar preparado, a veces las cosas pasan y hay que saber aprovecharlas. Y, como yo lo entiendo, tiene razón. A veces, no necesitas un bolso, pero Isadora fabrica la cartera más cute del mundo llena de borlas flúo y, vos, simplemente tenés que tenerla. ¿Estabas buscando una cartera? No, definitivamente no, tenés 25, ¿por qué querrías otra? ¿Necesitabas un bolso incombinable lleno de adornos flúo? No, no pega con nada de lo que tenés. ¿Es lo que buscabas? No.¿Lo compraste? Duh, obvio. 
 Compraste el bolso, porque la vida a veces pone algo en tu camino que no necesitabas, pero que tenías que capitalizar. Y al bolso al principio le cuesta adaptarse a tu placard y tu paleta de colores pporque, seamos honestos, todo lo hippie chic es difícil de combinar con una colección interminable de pantalones estampados. ¿Cuál sería la primer reacción? Cambiarlo por un bolso de un solo color que se ajuste mejor a tu placard y tu momento (Si pensaron que iba a decir no comprarlo no me conocen). 
 Resumiendo. La vida, eventos, situaciones, bolsos, blabla. Creo que este año que empieza, necesito ser más consistente y transitar una sola teoría. Y es la teoría de que no puedo elegir qué pasa o cuándo pasa. La teoría de que tal vez  no controlo el juego y no estoy en constante control de todas sus fichas, a veces hay que dejar que alguien más haga su jugada. Lo cual significa que me espera un año más de terapia, porque soy una pésima perdedora y competidora empedernida. 
 Este bolso nuevo, no se ajusta a todo el repertorio de mi placard. No se ajusta a mi pantalón preferido y solo combina con camperas lisas. No obstante, logró que guarde las tres carteras de turno en "el mueble de las carteras". Y me gusta, me gustan sus detalles flúo, porque es diferente y divertido. Tal vez, contra la tendencia de la temporada, tengamos que ir en contra del matchy-matchy. 
 Seguramente, no se habían dado cuenta de TODO lo que podemos aprender de un bolso incombinable. El 2015 va a ser así, lleno de estampados que nadie vio juntos antes. Algo así como el Monopoly, donde las fichas no tienen sentido ni cohesión entre sí. Un zapato, anda con un dedal; ese tipo de juego es el que se va a jugar este año nuevo. Con un poco más de estilo, obvio...y la musicalización de Abba, por supuesto. 



martes, 2 de diciembre de 2014

Mi mente dice ten cuidado...

 Si mis instancias psíquicas pudieran convertirse en un videoclip, seguramente veríamos algo así: Clickear. Sería divertido, no voy a negarlo. Neuróticamente preocupante, pero entretenido. 
 Es literal, no puedo negar el resabio de la marca de Disney y Ricky Martin en mi; pero también simbólico. ¿Nunca aprehendieron estos diálogos internos? ¿Cómo algo tan ajeno, puede ser tan propio? Es ver a la disociación a los ojos. Y quien dice ojos, dice VHS de Hércules. 
 Empieza a preocuparme un poco esta posición defensiva cual mariscal de campo en junior high. Me pregunto si son las dos semanas sin terapia. Me intriga la conspiración mundial contra mi salud mental: Paros de subte, manifestaciones, catástrofes climáticas y la cana que encontré en mi pelo hoy a la mañana. 
 Y entonces empiezo a preguntarme sobre el proceso de selección de la vida real. Porque, para que un candidato cumpla con el perfil; tiene que haber una posición, una vacante, una búsqueda. Entonces pienso que, quizás, las aproximaciones sentimentales no se tratan de dos candidatos que matchean perfectamente. Primero tiene que haber una búsqueda abierta en el sistema. 
 Sin búsqueda, hasta el candidato perfecto va a quedarse afuera del proceso de selección. Sin vacante, no hay matching. 
 Y esto es lo que voy a plantearle a mi terapeuta el jueves: No se trata de impermeabilidad emocional o apatía, no se trata de recursos evasivos o falta de voluntad. No se trata de no haber pensado super outfits, no escuchar o no reirse de chistes sin sentido. Tampoco se trata de buscar todas las fallas ajenas o idealizar situaciones. Se trata de que no hay vacante, ¿ergo? No hay búsqueda que cerrar. 
 Seguramente mi interlocutor intente defenestrar otra de mis astutas y super convincentes teorías, con alguna pregunta disparadora como"¿Vos qué pensás?" (Pregunta donde reinserto mi teoría y me corro el pelo de hombro), o "La vida no es un proceso de selección" (Pregunta donde reinserto mi teoría con un ejemplo donde le demuestro que TODO es un proceso de selección, incluso su decisión de usar pantalones hippies); o, mi preferida, "¿Qué pensás que quiere el Otro de vos?". En esta última, como no puedo reinsertar la teoría, me refugio en Lacan y le digo que NO LO SE. 
 ¿Puede ser? ¿Puede ser que se libere una vacante y se encripte la posición? Y esos momentos a lo Chandler Bing, donde vemos todo lo que del otro no nos cierra, ¿Son normales? ¿ Es evasión, autopreservación o boludez? ¿Por qué todo es tan fácil para las princesas de Disney? Mismo sueño, mismo candidato con distinto color de pelo en cada peli, mismo final (aunque nunca sabemos cómo sigue). La vida sería más fácil siendo una princesa de Disney; salvo Mulán, porque ella tuvo que ir a la guerra y vestirse de hombre. 
 La vida, en muchos aspectos, es un proceso de selección. Yo hoy decido que no necesito las Hunter rojas (Por un mes más), que no voy a comer un Coffler entero y que mañana no voy a ir al gimnasio. Y decido que mi nueva teoría es 100% válida, ya sea por su carácter científico, o por el precepto de que mi mente dice que tenga cuidado..."porque no todo es maravilloso". Y ¿cómo discutir con un aparato tan excelentemente diseñado y protegido por pelo perfectamente humectado? ¿Cómo diferir con un diseño que intenta autopreservarse? Tal vez tendría que vender mis teorías, para pagar mi terapia. 


domingo, 16 de noviembre de 2014

Look at this heart shaped wreckage...

 No entiendo el concepto de domingo. Honestamente creo que nunca lo voy a entender, veintinueve años tendrían que haber alcanzado para desenmarañar el día más gris de la historia y desarticular el hechizo de su ocaso. 
 ¿Cómo puede haber gente que elija llamar Domingo a sus hijos? ¿Cómo pueden existir seres humanos que lo esperen con ansias para meditar entre frazadas? Gente que se casa, que se bautiza, que festeja cumpleaños. 
 No logro activar el último día de la semana. No puedo poner a funcionar ni un cuarto de neurona para combinar un short y una musculosa. Todo es triste los domingos, hasta el shopping. Piensen: No hay descuentos, no repusieron talles y la calle se llena de gente adulta tomando café y perros abandonados. 
 Y entonces pienso. Pienso que todos sabemos lo que es la depresión, porque todos vivimos algún domingo en la vida. Esa sensación de que el sol no atraviesa la piel, el placard está desordenado; ese momento donde entrás en un agujero plan free y el helado se derrite rápido. Los ravioles engordan tres veces más que cualquier otro día de la semana y el celular tiene menos señal. 
 "Tenés que hacer cosas que te llenen el alma". Los consejos ambiguos me confunden un poco. Bien podrían haberme dicho algo en ruso o jeringoso (No importa cuál sea mi CI, nunca voy a poder hablarlo), porque el concepto de alma es la teoría más random que existe en el mundo. ¿Qué hago cuando me dicen eso? Me compro mi cuarto swatch y me como un Cofler familiar. Pero, aparentemente, el alma no está en la muñeca o en el estómago. 
 ¿Dónde está el alma? Los filósofos hablan de pasiones, de sentimientos; básicamente de boludeces. Todos pensamos que está en el corazón y que se estimula a partir de una sensación extraña que nace en la boca del estómago pero, ¿dónde está? Porque eso bien podría ser taquicardia o hambre. 
 ¿Dónde NO está? No está en mi placard, o en los libros que voy cerrando. Estoy 57% segura que su sustituto está en Disney, pero implicaría vivir ahí 24 x 7. ¿Está en la filosofía de vida de "Comer, rezar, amar"?  ¿Está en algún punto de nuestra frente, como un tercer ojo?
 ¿Qué llena el alma? Sé que no es un reloj, pero creo que puede servir para pensar una analogía. Porque lo que llena el alma, es efímero. ¿Cómo llenar algo que está destinado a vaciarse? ¿Cómo mantener completo algo que está programado para descascararse?
 Porque el "alma", esa especie de aura interior que guarda la felicidad, no existe. O sí existe, pero existe como un cúmulo de marcas. Un cúmulo de "swatches" que entran y salen. 
 Si pudiéramos llenar el alma, nos quedaríamos sentados a vivir la felicidad. Pero no podemos. Somos sujetos barrados, estamos programados para estructurarnos a partir de una pérdida. Nos vamos constituyendo a partir de fantasmas. Un swatch, una cartera, un amor, un amigo, un triple fantoche. 
 Pero los fantasmas a veces se caen. El swatch se queda sin pila y el alfajor se termina. Y queda el "alma para llenar", queda una "falta".
 Llenar el alma es erigir un fantasma que nos deje funcionar. ¿Un hobby? ¿Un mantra? Pintar mandalas, esculpir en arcilla, armar barcos con fósforos, asirnos de una profesión, disfrazarnos, buscar un sobrenombre, admirar a alguien, aspirar a algo. Correr una maratón, ordenar el placard, contemplar pájaros, plantar un árbol. 
 Y los que odien el domingo, van a poder sentir algo de esta pérdida mítica. Sentir que termina un ciclo, y todo vuelve a empezar. Tratar de acordarse lo que hay por delante; armar al Yo, al personaje que tapona la falta. 
 Pero, honestamente, estoy confundida. No entiendo cómo se llena el alma. Soy muy mala pintando y las mandalas me parecen el concepto más tonto del mundo después del origami. Los pájaros que me gustan son los cóndores y no viven en Bs. As., mi ansiedad me hace regar de más las plantas y mi ropa no entra en el placard. 
 Yo creo que el problema principal en los consejos amiguísticos con tinte de carta astral de Horangel, es no empezar por definir las coordenadas del alma. Y si pudiera hablar con Horangel, le mostraría el desastre en forma de corazón que tenemos, y le preguntaría cómo se llena. ¿Cuántos swatch? ¿Cuántas carteras? ¿Qué hay que regalar? ¿Qué hay que construir? ¿Qué fruta hay que comer y que mascota hay que tener? ¿A dónde hay que viajar y a quién hay que besar? ¿Qué dicen las cartas del pronóstico de mi pelo? ¿Cicatricure está haciendo algo por mi piel? 
 Y tal vez pueda reemplazar terapia por un astrólogo que me visite mensualmente. Tal vez existe alguien que pueda leer este heart shaped wreckage como si fuera una borra de café. Y es que mi terapeuta sabe, que yo solo quiero saber el futuro; no importa cuan monótono o excitante sea. Porque sacarle al final su esencia, es sacarle al domingo su depresión y ver la falta a los ojos. No existe "Feliz Domingo", no hay viaje a Bariloche gratis que los levante, nos queda buscar un astrólogo.  

jueves, 30 de octubre de 2014

Let the broken pieces go.

 A veces me pregunto si es posible estar en conexión con uno mismo 24 x 7. Supongo que lo que cuestiono en el fondo es cómo es posible estar tan desconectado de uno. ¿Cómo llegamos a esos momentos?
 Es como cuando estás en plena clase de stretching, rodeada de viejas gimnastas y hombres con más flexibilidad que un flota flota y, en pleno estiramiento, conocés un músculo que ni sabías que existía. Tenemos más músculos, huesos y articulaciones de los que creemos. Tenemos más pelo del que podemos contar, más lunares de los que podemos ver y órganos que ni sabemos para qué están. ¿Para qué sirve el apéndice? ¿Cuántas células necesitamos? ¿Cuántos litros de sangre circulan por nosotros? ¿Por qué las uñas están donde están? ¿Necesito tantos músculos? No dudaría ni dos segundos en permutar algunos por carteras. 
 Nuestra cabeza no es diferente, después de todo está (des)conectada a un cuerpo. Tenemos más representaciones de las que podemos manejar concientemente, algunas tan guardadas que nunca tuvieron su propia escena. 
 Y, mientras estiro un músculo cuyo nombre no conozco, con  una cinta elástica que no sé para qué está y me pregunto cómo es posible convivir con algo que no sabía existía; pienso en la analogía entre este descubrimiento fisiológico y la mente (Y en un alfajor triple de dulce de leche). 
 Sé que es verdad, sé que la mente guarda "músculos" de los que no sabemos ¿Alguna vez dijeron algo que no planearon? No solo que no planearon, algo que no sabían pensaban, que no saben de dónde salió. Una de esas frases que pasan desapercibidas ante el público corriente, pero nos deja sorprendidos de nosotros mismos. Un festín para los psicólogos a nuestro alrededor; una sensación de que hablara alguien ajeno, mostrándonos algo de nosotros que no podemos ver a voluntad. 
 Llegamos al mundo sin conocernos. Miramos una mano y alguien nos dice lo que es, nos miramos al espejo y nos dicen nuestro nombre. Pero no terminamos de conocernos nunca. Tantos músculos y articulaciones que solamente sentimos si ejercitamos. 
 ¿Qué conocemos? Conocemos lo que sentimos, lo que nos muestran. No vemos toda la temporada de Ayres, conocemos lo que aparece en el Look Book. ¿Cómo vemos el depósito?
 Hay cosas de nosotros mismos, que nunca vamos a conocer. Nunca vamos a poder vernos la espalda, adentro de la oreja o el corazón. Lo vemos a través de la óptica de alguien/algo más. 
 Yo conozco la espalda de alguien que nunca va a poder verla, y esa persona conoce la espalda que yo nunca voy a poder mirar. Me pregunto entonces si siempre me va a faltar algo, que alguien más me puede dar. 
 Y mientras ejercito este "músculo" al que nunca le había prestado atención, del que no sé el nombre y el cual ni siquiera me molestaba; pienso. Pienso en lo que los otros dicen, sin saber que lo dicen; pienso en lo que debo decir, sin percatarme de esa parte de mi que trata de conectarse. Pienso en que quisiera entrar al depósito de Ayres porque el Look Book SS 2015 no me gustó tanto y quisiera ver qué más hay. Pienso en cómo es posible que existan músculos que no hacen ruido a nuestra existencia. 
 Nos vivimos centrando en lo que hace ruido, lo que molesta o no sale de escena. ¿Cómo puede ser que esté centrada en cicatrices de batallas que nadie ganó, en vez de prestar atención a estos "músculos" que todavía no marcaron el cuerpo?
 "¿Te acordás el otro día cuando dijiste ......?" "NO, ¿Yo dije eso?" "Sí. Más de una vez". Supongo que mañana le tendré que decir a mi cita semanal lo que descubrí. Descubrí que mis defensas maníacas me permitieron sobrevivir un "heart shaped wreckage", a costa de desconectarme de algunos "músculos". Pero, si stretching puede conectarme al cuerpo; debe haber algo que pueda conectarme al desorden de algunas piezas rotas, para dejarlas ir y conocer las piezas nuevas.
 Mientras tanto, me conformo con conocer la segunda parte de la temporada de Ayres y volverme una persona más flexible...metafóricamente hablando. Y miro este heart shaped wreckage que, como un músculo sin óxigeno, no sirve para nada. 

miércoles, 29 de octubre de 2014

Cada vez que pienso en vos...

 Esta semana volví a mi teoría sobre el amor. Mi terapeuta se ríe cada vez que la escucha, pero yo estoy 89% convencida de que es una decisión. De hecho, es más que una decisión personal, muchas veces se expone ante comités evaluadores. Bueno, quien dice comité evaluador, dice grupo de amigas alrededor de una botella de Campari. 
 No descarto la "magia" del amor y el momento en el que dos personas se conocen y se sienten atraídas. Tampoco descarto la multiplicidad de atracciones que unen a dos personas: Física, mental, complementaria, situacional, vudú o matrimonio arreglado en la infancia. Simplemente considero que hay una interacción de factores. 
 Por supuesto que existe la que saltea el comité evaluador o incluso el propio comité interno de su mente que analiza los riesgos y ventajas de la situación. Existen entonces las enamoradizas y las inenamorables (No existe, va a estar en mi diccionario). 
 Las enamoradizas no discriminan, van de rama en rama. Veinte años, treinta años, morenos, rubios, intelectuales, hippies, politólogos frustrados, ejecutivos, surfers. No hay un patrón, no hay un análisis, es puro sentimiento. Es como ir a una guerra medieval sin escudo o usar un vestido blanco y ropa interior flúo. Todo está expuesto constantemente, no hay mecanismos de autopreservación.
 No es que enamorarte en el subte no esté bueno. Es simplemente que hay que tener en cuenta que, si te enamoras en cada vagón, las chances de que camines al ocaso de la mano con esa persona al ritmo de una canción de Shania Twain son reducidas. Son reducidas porque la mala iluminación del subte y la falta de oxígeno nublan el juicio. 
 Las inenamorables son las que ni siquiera llegan al comité evaluador. Son las que buscan la reencarnación de Einstein en el cuerpo de Adam Levine, con el imperio de Donald Trump y el humor de Jim Carrey. It ain´t gonna happen. Sobre todo porque, si existe, ya se casó con Blake Lively. 
 Las inenamorables son herméticas, viven en la idealización. La idealización de ellas mismas y del otro, un otro que tenga todas las piezas en su lugar. Jim Carrey no debe ser gracioso todo el tiempo y hasta Adam puede perder su sex appeal a la mañana.  
 El error de las herméticas es que no van a la guerra medieval con un escudo, van con armadura. El segundo error es que, apuntar a lo idealizado, nos lleva a aspirar a nuestra propia idealización. Y no existe amor que valga maquillarse un domingo, NO EXISTE. 
 Entonces el enamoramiento es una decisión en tanto presupone optar por un nivel de apertura y compromiso con lo que se cruza ante nosotros. Supone optar, o no, por dar oportunidades a las opciones que se nos cruzan. 
 ¿Y el comité evaluador? Una vez que superaste la charla interna de tus instancias psíquicas y decidiste que estás ante una buena oportunidad, el comité aporta consejos a las decisiones. Creo que es prueba empírica de que somos seres sociales, partidarios de la vida en tribu. No hay un brujo que sabe sobre todo (We wish), pero hay espacios compartidos donde nuestros análisis personales se despliegan ante nuestros pares en salas de chat y juntadas en un balcón con fernet y la "OH La La". 
 Es como cuando jugámos al Monopoly, nos queda un billete de 500 y tenemos que decidir si compramos 10 casitas o esperamos una mejor oportunidad. Todo está sobre un tablero. 
 Las inenamorables no compran ni propiedades, y las enamoradizas se funden plantando una casita en cada adquisición. 
 Vivimos de decisiones y nos apoyamos en consejos. Decidimos levantarnos, qué ponernos, cómo peinarnos y qué comer. Decidimos qué leer, qué escribir y dónde ir. No importa qué tan influenciados por las normas sociales estemos, apegarnos nos hace ser portadores de decisiones. Pero nos apoyamos en consejos, para atenuar consecuencias. No decidimos qué sentir todo el tiempo; pero el amor, para mí, no es sentimiento puro, no es un disparo al corazón que no caduca. 
 Y me pregunto si soy enamoradiza, inenamorable o un intermedio. Me pregunto si eso también es una decisión. Pero cada vez que pienso en distintas situaciones, "fue amor". Aunque "podría haberlo hecho mejor"...y eso también es una decisión. 


Jaque al Rey...

            Hace tiempo empecé a experimentar una sensación. De esas que nacen del medio del esternón y te contraen como si fueras a echar...