lunes, 22 de junio de 2015

Doce Horas, un amor de moda...

  Todos sabíamos que era cuestión de tiempo hasta que sintiera la necesidad de compartir mi visión sobre los nuevos "medios" de conocer gente en el 2015. 
 Dos años de blog, ocho (o más) cortes de pelo, diez shocks de keratina, unos 24 esmaltes, más de dos tercios de mi placard renovado, cuatro nuevos grupos de chats y ¿cuántas citas? Menos que los esmaltes, bastantes más que los chats. 
 ¿Dónde quedó esa época en la que conseguíamos un teléfono de línea y esperábamos la hora pre-cena para hablar con nuestro pretendiente? Quedó enterrada en una infinidad de redes sociales que permiten al otro saber todo sobre nosotros. Bueno, todo lo que estamos dispuestos a compartir. Nuestras mejores fotos, nuestros pensamientos más intelectuales y los lugares más top que visitamos. Punto en el cual tendría que hacer un mea culpa, y aceptar que mi neurosis obsesiva pone poco filtro a la parte de mi que comparto, la cual es puro reflejo de mis raíces neuróticas. 
 ¿Dónde quedó el tratar de adivinar el bar, boliche, cine en el que podríamos cruzarnos al cortejado? ¿Dónde está esa época en la que teníamos pase VIP a los terceros tiempos con la esperanza de ver a alguien? ¿O la adrenalina de la incertidumbre de los puntos en común?
 ¿Dónde quedó esa época en la que podíamos repetir infinitas veces outfits sin que el 75% de nuestra red de contactos se enterara? ¿El misterio de los contactos compartidos, el puesto de trabajo o los gustos musicales? Y ¿Esa época en la que tipear nuestro nombre en Google arrojaba como resultado algún artículo en Wikipedia que poco tenía que ver con nosotros?
 Tres palabras, un click y nuestro mundo está a merced de infinidad de stalkers que no necesitan hacer mucho esfuerzo para descifrarnos. 
 ¿Se acabó el misterio en el camino del romance? 
 Innovadores geniecillos con complejo de Bill Gates habitan el mundo programando infinidad de aplicaciones que nos permiten tener la información de quien queramos, en la palma de nuestra mano (O en la pantalla de nuestro celular). 
 En el 2015 el mundo de las citas está dominado en un 73% por aplicaciones que nos muestran los mejores (o peores) pretendientes en nuestro radar. Por cada cita que nace en una charla de ascensor, un casamiento o una flecha de Cupido; hay tres que nacen en una aplicación donde "nos amamos de cara". 
 Una aplicación donde todos fueron a Europa, hicieron paracaidismo, se broncearon en Brasil y tienen un grupo "potable" de amigos para presentar. Donde todos son "emprendedores" o "CEO" de su propia vida. Donde caras de 40 años, tienen 30 y caras de 25, también, tienen 30. Una aplicación donde la gente se elige de cara, rogando no encontrar un hobbit al otro lado del teléfono. 
 ¿Cómo algo tan emocionante como una cita, puede volverse algo tan monótono? Misma conversación, mismos chistes, mismo modus operandi.  ¿Dónde quedaron las mariposas que nacen de las expectativas de que nos invitemos a salir? ¿Dónde quedó la preparación mental y el deseo de conocer lo que Google no mostraba?
 Amamos de cara, eso es lo que hacemos cuando apretamos un corazón en nuestra touch screen. ¿El otro en la palma de nuestra mano? Más bien lo que el otro quiere mostrar. 
 Soy una persona moderna, por lo que no voy a negarme a estas nuevas formas de llegar a una sociedad sobreadaptada a la tecnología. ¿Es divertido? Es cansador. Las posibilidades son infinitas, dinámicas y demandantes. Pero, el hecho de que las opciones sean infinitas, encuentra una contradicción. Compartimos el mismo radio, compartimos el mismo mercado...y, a veces, compramos corazones que estaban destinados a filtrarse por selección natural en el "mundo real". 
 No estoy en contra de amarnos de cara, un ratito. Pero, en el fondo, siento que estos son "amores de moda" destinados a durar 12 Hs. 
 Siento que a estos encuentros les faltan algunos condimentos que encontramos en las citas a la antigua. A) El amarnos de cara real, y no nuestras caras en la Torre Eiffel o la muralla China tras el manto de nuestros Ray Ban como si estuviésemos en una misión comando. B) El salir de charlas banales y estereotipadas cual libreto de película. C) El momento emblemático en el que nos invitamos a salir y sabemos, por el quantum de energía y valor que esto implica, que no estamos siendo invitados por otros cuatro corazones.
 La tecnología abre muchas puertas, muchas dignas de cerrar. Termina con amores que no empezaron nunca, no nos enseña nada sobre la frustración o el face to face. "Doce horas, un amor de moda", eso es lo que dura amar de cara. Doce  horas y más datos de los que una mente humana soltera puede retener. Doce horas y "ya ni me lo puedo acordar". 
 Volvamos a las charlas en ascensor, no me niego a un chat de Whatsapp, una solicitud de amistad de Facebook o un e mail. Simplemente creo que estas mutaciones de los encuentros interpersonales son demasiado para cualquier mente, y aburridos para Cupido. 







martes, 9 de junio de 2015

There's no pot of gold in the rainbows we chase...

 Seis días sin luz. Seis días para aprender a vivir como la gente prehistórica, o sucumbir al nomadismo.  Seis días de excusa perfecta para no ir al gimnasio, de visitas exprés a mi casa para tirar ropa en la cama y armar outfits a la luz de una mini linterna,de transportar maquillaje en la cartera, de no prender mi computadora y oscilar entre dos collares y un mismo reloj.
  ¿Qué descubri de mi misma? Que, más allá de mi ascendencia gitana, debo tener antepasados lechuzas porque veo muy bien en ambientes oscuros. Puedo vivir con menos accesorios de los que todos pensábamos y no necesito mi ipod, estoy reencontrándome con mi lado más intelectual en eso que todos llaman libros y cantando más que nunca en la ducha.
 Descubrí también que hay algo que extraño más que todo lo demás. ¿Mi intimidad? Si, un poco, pero no. Extraño mi almohada, la extraño con todo mi ser.  La extraño más que al agua termal a la mañana, Netflix en la cama o el paquete de Kit Kats que dejé huérfano en la heladera descongelada. Extraño cómo nos complementamos y cómo hace que mis otras dos almohadas y tres amohadones parezcan de segunda mano.
 Entonces pienso: ¿Estás realmente extrañando una almohada? ¿Llegamos a ese nivel de costumbrismo y ridiculez? Sí, extraño una almohada, no lo puedo evitar.
 Y conecto, en el torbellino de asociación libre que me caracteriza y que deleitaría a cualquier reencarnación de Freud, con una pregunta que me hicieron hace un tiempo. ¿Cómo es ser soltera en el 2000+15?
 En su momento respondí como si ser soltera en el 2015 fuera lo más top que te puede pasar en la vida. Viernes libres para pintarte las uñas, afters con amigas y sábados con planes. Citas, visitas sin censura a Zara y Luis Miguel a todo volumen en tu living el domingo.  Enamorarte todos los días en el subte, nadie que te cele o necesite ser alimentado y solo un recuerdo vago y lejano del fútbol en gritos masculinos de edificios lejanos.
 Sí, el invierno es más difícil y te abrazas a vos misma en las películas de terror. Pero, honestamente, todos los hombres que conocí le tenían miedo a “La bruja de Blair” y en invierno me robaban el plumón.
 Creo que con mis argumentos casi convenzo a la persona que me preguntó de unirse al grupo de los solteros en el 2015. Se fue pensando que estar solo en esta década es casi como ser un rockstar de gira. Y, para ser sincera, yo también me fui con esa sensación.
 ¿Entonces? Entonces extraño una almohada de cinco años de edad, y me pregunto quién es una rockstar. ¿Yo? No, claramente no. Ningún rockstar extraña una almohada. Los rockstars duermen en el piso, en la suite presidencial, con una persona distinta cada noche, y hasta no duermen. No extrañan el cúmulo perfecto de goma espuma (o el material que sea) donde apoyan la cabeza.   
 Mi destino no puede ser aferrarme a una almohada, por más memoria ergonométrica que tenga. Y no puedo usar toda la semana el mismo collar, el mismo reloj, el mismo tapado; no es coherente con quien yo soy.  Edesur me está robando parte de mi esencia junto con el suministro energético, y me está dejando demasiado tiempo de reflexión en este flashback al pasado pseudo amish.

 Empiezo a preguntarme si ser soltera no tiene una ínfima arista que roza con esta realidad. Es como vivir de pijama party. ¿Un poco nómade quizás? La disponibilidad para boyar de casa en casa, generando vínculos de valor con almohadas. Mis amigas extrañan a sus novios, sus perros, ¿sus hijos? Yo extraño 27 collares y una almohada que me cambió la vida, comer chocolate en la cama y leer con la tele encendida. 
 Veintisiete collares y una almohada. No es un arco iris que nos vaya a llevar a una olla de oro, pero nos aferramos. Ser soltero es tener derecho a aferrarse a banalidades, un arco iris con algo de gris por momentos. Es tener veintisiete collares y enamorarse de una almohada.   

sábado, 30 de mayo de 2015

A trip to Jamie-land

 Más de diez películas, un viaje, un tercio de mi guardarropas renovado, un nuevo intento de regreso al gimnasio, dos musicales; tres o cuatro citas, de las que ya ni me acuerdo; un corte de pelo, ocho sesiones de terapia, tres colores de esmalte, un bronceado que ya se descascaró, mi alejamiento del sushi y varias reflexiones. Eso es lo que pasó en estos días que no pude, o no quise, forzarme a escribir. 
 "¿Cómo estás?". Apoyo sistemáticamente mi cartera como siempre a mi lado izquierdo, me pinto los labios, respiro profundo y la miro a los ojos. "Estoy muy bien. Me siento diferente". ¿Es el bronceado? ¿Es gente nueva o resignificada a mi alrededor? ¿Es el reloj Michael Kors o Nueva York?
 Una hora quince después de nuestro reencuentro, me pongo mi blazer, me paro sobre mis plataformas y agarro la cartera de un color neutro que salva cualquier día de semana. Me suelto el rodete que suelo atar bien alto en mi coronilla para estar más cómoda en el respaldo del diván, la miro otra vez y escucho sus conclusiones mientras el ascensor me devuelve a la realidad.
 "Volviste distinta, con inquietudes". Y las dos sabemos que no hablamos de mi nuevo reloj, o el blazer que nunca antes había visitado el nido de mis confesiones. "Sí, estoy contenta, muy inspirada". La saludo para no vernos por dos semanas y me voy. Entonces me doy cuenta que hace ya un tiempo que no me acompañan más esos auriculares fucsia que me regalaron cuando conocí el lado catatónico de la vida. 
 Alguien que me conoció en el transcurso de estos dos últimos años, me dijo hace poco que yo "no era así" cuando nos conocimos, mientras nos reíamos de alguna de las conclusiones que me caracterizan. Y me hizo pensar. ¿"Así" es mejor? ¿"Así" es copada? ¿"Así" es cubierta de combinaciones perfectas de colores? ¿Cuándo nos conocimos? Y en un estado de iluminación, me di cuenta de que nos conocimos en ese período catatónico de mi vida donde mi cuerpo subsistía "masoquistamente" a base de Doritos y películas de Hallmark. 
 Por ahí dejé los auriculares porque al fin avancé en mi viaje a Vicky-Land. Y cuando miro catatónica por la ventana, y como Doritos, en realidad estoy pensando en qué me voy a poner a la noche, ya no hay aire en mi cerebro. Puedo escuchar conversaciones donde mencionan personajes de antaño de algún pueblo donde uno es siempre "el amigo de", "la novia de". 
 ¿Por qué nos sentimos diferentes? ¿Qué implica sentirnos distintos? ¿Qué hay que hacer para capitalizar estos puntos de inflexión? y ¿Qué me voy a poner hoy? Esas son las preguntas que me acechan. 
 ¿Entonces? Uno lo que me dijo una galleta de la fortuna, con una línea que recorté sutilmente de mi horóscopo anual. La galletita dijo algo parecido a que "los nuevos inicios son difíciles, pero valen la pena" y el horóscopo dijo que este año algo pasa con alguna luna, que se cruza con algún planeta, algo estalla; y los últimos dos días de este cúmulo de 365, van a ser MIS días. 
 ¿Entonces? Me doy cuenta de que nos sentimos diferentes cuando pensamos en los días que faltan de estos 365, en vez de pensar en los que pasaron antes. Y de eso se trata este nuevo viaje a "Whatever-Land". Un viaje que pagué en carteras, relojes, auriculares y terapia. Una cita a la vez, un post a la vez,  una visita menos a Zara a la vez. 
 Una visión ecléctica y emocionalmente tumultuosa de la soltería a la vez. Porque me di cuenta, que ser soltera no es no estar con alguien. Ser soltera es "a trip to Jamie.Land".  Donde "Jamie" es simbólico, de donde sea que estén yendo. Y, si sintonizan, les voy a contar sobre este "viaje".  



domingo, 22 de marzo de 2015

Blank Space

 Domingo con sabor a sábado, pero espíritu de fin de la semana. Jeggings, medias de lana encima de los jeggings, corpiño y buzo de rapero gigante. Cola de caballo ubicada perfectamente en la coronilla, anteojos post lentes de contacto, una coca cola light por la mitad, una cerrada y mi manteca de cacao. Dos películas, una playlist de Taylor Swift y tres grupos de chat. Un poco de market research, dos neuronas dedicadas en paralelo a planear el outfit nocturno pseudo otoñal y un gran tema que sostiene el día: Dating en el 2015. Eso es el día pre-feriado para mi. 
 Citas en el 2015. Qué gran temática, ¿no? Y es que hace dos años, cuando reingresé en la escena de la soltería, esta situación me tenía preocupada. " Es como andar en bici, no te podés olvidar", " Es divertido, como estrenar ropa nueva", "Lo peor que te puede pasar es tomar un trago gratis, reirte de un mal chiste y volver a tu casa". Yo asentía a todo, disfrazando mi real preocupación. 
 ¿Es realmente lo peor que nos puede pasar,gastar tres horas con un extraño y tomar un trago exótico gratis? ¿Es la mejor opción elegir un trago exótico? ¿Nos dice algo del otro la elección de lugar, bebida, outfit? ¿Hay que aceptar todas las dates? ¿Es una cita parámetro de una persona? ¿Cuántas citas son necesarias para quedar fuera de juego? ¿Hay do´s and dont´s? 
 Hay do´s y hay dont´s. El mundo de las citas, es más complicado que el de la física cuántica. Definitivamente no es como andar en bicicleta o comer chicle. Sí, probablemente tomes algo gratis si tuviste un candidato que roza la caballerosidad; pero, ¿Y si no habla? ¿Y si toma un trago femenino como margaritas con perfume de jazmin? ¿Si entra usando un sombrero exótico o se ofende con tus chistes? 
 ¿Somos realmente nosotros en una primera cita? ¿Somos parámetro de lo que somos en ese primer encuentro sostenido por un andamio de ansiedad? No lo creo. 
 "La primera cita" empieza incluso antes de que ocurra, nace en la propuesta y muere en las conclusiones post salida. 
1) Te invita a salir, aceptás. 
2) Proponen fecha, hora, lugar. 
3) Grupo de chat de amigas: Se define-> A) Aprobación del candidato. B) Aprobación del lugar. C) Se consensúa tu outfit. Nada over the top, nada de entre casa (Como corpiño y  buzo gap). Algo simple, chic y casual. D) Preparación previa que oscila entre tus "¿Y si no habla? " ,"¿Y si me puse mucho taco y parece un hobbit?"," ¿Y si pregunta sobre religión, política o el horóscopo?", "Chicas creo que me bajo, quiero comer un cuarto de helado y ver una película de Justin Timberlake"; y las respuestas de tus amigas, que confluyen en un "No seas boluda", "Vas", "Si no habla te hago sonar el teléfono  y huís". 
4) Salís y transitas la cita con tu mayor grado de dignidad. 
5) Llegas a la madrugada y te reportas. "Estoy viva. (UPDATE DEL DATER)". 

 Y la cita no muere ahí, se prolonga en la incertidumbre sobre si te volverá a contactar, detrás de tu deseo de que A) Lo haga B) No lo haga. 
 Déjenme decirles algo, DATING es difícil, pero no imposible. ¿Es como andar en bici? Más o menos. El patrón suele replicarse, pero puede ser que te toque una bici sin asientos, sin manubrio o algún rayo roto. ¿Entonces? Hay que estar preparada para todo. 
 Descubrí que, después de un tiempo en la escena, una se vuelve un poco mejor en esto de conocer gente nueva. Sabés cuáles son tus mejores historias, tu mejor peinado y el calzado que te empareja a la media de la población del sexo opuesto. Sabés cuánto va a durar la cita después de un par de intercambios de palabras, sabés de qué tipo de cosas va a querer hablar por el trago que elige y si se van a volver a ver. 
 También aprendí que la vida no es como las películas de Justin Timberlake. Las primeras citas no sirven para enamorarse, sirven para intrigarse o para "amar de cara". No vas a saber el coeficiente intelectual de tu "dater", qué lo pone de mal humor o sus habilidades secretas por un encuentro. 
 ¿Entonces? Entonces me pregunto si es hora de adoptar una nueva regla. NO descartar en la primera cita. Y deformando el concepto de los tres deseos que ideó nuestro fiel amigo Disney, conceder TRES citas. 
 Tres citas para que el otro vea que nuestro pelo no es siempre perfecto, que somos adictas a la manteca de cacao, para que empiecen a surgir historias y anécdotas menos manufacturadas, que los dos puedan elegir lo que realmente les gusta tomar y elegirse aún cuando ya no significan tragos gratis.
 Tres citas para saber si lo que nos intriga, puede trascender y opacar lo que no nos cierra. Si somos "entrenables" en lo que no encaja naturalmente. 
 Tres citas para saber si es material de cita o de bootie call (Concepto totalmente digno de su propio post). Para saber si vamos a aplicarle la regla de los tres meses (Again, digno de su propio post) o solo amarnos de cara (Otro post). 
 Tres citas para saber si escribimos nuestros nombres en el espacio en blanco de las personas que circulan el mundo de las citas, si nuestra locura es compatible o si queremos seguir viendo Netflix y comiendo helado al ritmo de un grupo de Whatsapp. 
 Aceptar y transitar tres citas para saber si "the high, was worth the pain". Para eso tenemos un Blank Space, administrado por algunas reglas antes de poder completarlo. "I´ve got a blank space baby, and I´ll write your name". 


miércoles, 18 de marzo de 2015

Bad Reputation.

 En mi window shopping del día de hoy, una parada de colectivo capturó mi atención. No, claramente no fue el confort de la parada, un outfit o Ivan de Pineda, lo que robó mis ojos. Fue la confesión de una diva con la que poco me identifico, pero que me hizo pensar. 
 "Conozco tanto a los hombres que ya no me enamoro más". ¿De verdad? No pensé vivir para leer ese enunciado. ¿Es posible? ¿Cuántos hombres tendríamos que conocer para poder compartir la afirmación? ¿Parte esta conclusión de una extensa investigación de mercado? ¿Es posible abstraer características de "X" cantidad de hombres que nos permitan construir un "Los  hombres"?
 Aplausos para mi, que fui capaz de revisar todo Zara y procesar esta información a la vez. Un hobby para la confesora, porque poco le queda si ya no se enamora más. 
 Por la sanidad del género, siento que necesitamos el paper con la información específica de "los hombres" a los que se refiere. Pero, si lo pienso mejor, se me ocurre que si compartiéramos más información entre mujeres; esta persona no habría llegado a una conclusión errada. 
 ¿Es posible construir un "los hombres"? Empiezo a pensar que la necesidad femenina de categorizar a partir de una característica única coarta nuestras posibilidades amorosas. Es cierto que comparten algo, NO MENOR, pero ¿No es también posible que no compartan más que eso?
 Nos vivimos quejando de cómo nos etiquetan en nuestro género. Irónicamente gritamos cuando nos tildan de histéricas, de intensas o hiper sensibles. Nos ofende que Ricardo Arjona cante "De vez en mes", como si tener ovarios fuera "pintar rosas en la cama" de mal humor mensualmente (Estamos en el 2015 Ricardo, hay Ibu Evanol, superalo). Nos molesta cuando dicen que manejamos mal, que no entendemos de fútbol (Guilty) o que tendríamos que saber cocinar. 
 ¿Por qué crear una categoría única nosotras también? "Los hombres", por suerte, son muchos. Tal vez simplemente hay que empezar a diferenciar a partir de variables menos obvias. 
 Seguimos creyendo que existe un "los hombres", y les seguimos pidiendo información como si funcionaran en bloque. "¿Qué significa un like en Instagram? ¿Cuáles son los factores de una date exitosa? ¿Hay que activar, hay que esperar? ¿Le regalo un libro, un cd, una camisa?". Tomamos un referente, como si fuera réplica exacta del mercado. Pero, honestamente, dudo que compartan respuestas a todas nuestras preguntas. Estimo que estamos ante un mercado algo dinámico. Me atrevería a decir que lo único que deben compartir es el amor por Messi. 
 Decir que conocemos tanto a los hombres y por eso no nos enamoramos más; es como decir que conocemos tantos zapatos, que preferimos ir descalzas. ¿Es posible? No. ¿Sería bueno? Sería más barato; y algo peligroso, hay muchos objetos cortantes en la calle. 
 ¿Por qué cristalizar las posibilidades románticas en una categoría demasiado amplia construida con una muestra poco significativa? El mundo de los zapatos es super extenso. Suecos, stilettos, chatas, sandalias, alpargatas, zapatillas, ojotas, bucaneras, Hunter boots, plataformas. Que necesites curitas para calzar un par, no significa que todos te vayan a incomodar o que tengas que andar descalza el resto de tu vida. 
 ¿Entonces? Entonces creo que tendríamos que dejar de sacar conclusiones sobre investigaciones inacabadas y definitivamente esta diva tiene que ampliar su gusto en "zapatos". Tendríamos que poder salir de la categoría "Las mujeres", para recuperar nuestra reputación que, en esa parada de colectivo, hoy no fue la mejor. 




domingo, 22 de febrero de 2015

Red.

 En algún lugar del mundo, en Hollywood para ser más exactos, cientos de celebrities se visten de fiesta. Preparativos que empezaron hace horas, incluso semanas si consideramos los tratamientos exfoliantes y selección de outfits. ¿Ustedes qué hicieron? ¿Yo qué hice? Puedo decirles lo que no hice, no me preparé para ninguna alfombra roja, aunque sí me exfolié la cara. 
 Intercalar pizza fría y m & m´s, en un estado larvastic (inventada); eso es el domingo para mi. Son esos días en los que limpias tu piel y te vestís solo para seguir sintiéndote humana. Porque, seamos honestas, esta pollera de algodón floreado y encaje crudo NADA tiene que ver con la película que acabo de ver rodeada de almohadones y conectada a un chat de notas de audio. 
 "Larvastic Mode", es el término más canchero que se me ocurre para describir un domingo en el que me quedé dormida para mi único plan y tuve que reagendar. Pero, todo pasa por algo my dear friends. Y es que, mientras musicalizaba mi baño de inversión en Youtube (Vintage, lo sé), me crucé con el trailer de una peli que llamó mi atención. 
 Ultimamente, desde hace unos 29 años, me pregunto mucho sobre el amor. ¿Es un flechazo? ¿Es una construcción? ¿Cicatriza por segunda? ¿Tiene límite de edad? ¿Caduca? ¿Nace de la amistad, de la potritud (ser potro), del silencio, de los puntos en común? 
 No sabemos describir lo que es el amor y sin embargo lo añoramos. Caemos en reduccionismos de mariposas en el esófago o diamantes en la playa, alguien que te llama por un parlante para que no te subas a un avión o que confiesa sentimientos en una carta que llega de sorpresa a tu casa. 
 Creemos que el amor, es el amor de las películas. Pero, seamos honestos, la pantalla solo captura los gestos más grandes, dejando de lado la cotidianeidad. 
 ¿Qué es lo que añoramos entonces? Creo que son los gestos. No son los celos o la forma en la que el otro mastica, el mal humor o su buzo preferido. No es tener que compartir el espejo a la mañana o no poder elegir el lado de la cama. No son las peleas por lo que no decimos o las diferencias en lo que proyectamos. Añoramos los gestos, de ahí nace el amor y eso es lo que queda cuando se va. 
 Añorar no significa querer volver a donde estábamos, es pasar por algo que nos hizo bien porque quedó enlazado a una sensación. Es como las alitas bordadas en los jeans de Rapsodia: Nos recuerdan una linda época de jeans holgados y camisas de bambula; pero ya no están en la agenda del día. ¿Las vamos a volver a vestir? No, pero son símbolo de una era. 
 El amor solo puede nacer de los gestos. Pero no de cualquier gesto o en cualquier momento. Nace de los detalles y creaciones perfectamente situados en una  historia. 
 Esta historia que encontré hoy, tenía todos los gestos adecuados, en todos los momentos inadecuados. Y me hizo pensar, en la gente que tiene todos los gestos cuando nosotros no tenemos los momentos; y las personas que no tienen ningún gesto, cuando nosotros estamos en el momento. 
 Hollywood captura los gestos y los transforma en película, porque los gestos mantienen vivo el amor. Y una vez al año festejamos a los actores que mejor encarnan estos gestos y nos hacen sentir añoranza por esos momentos. ¿No seremos acaso todos merecedores de un Oscar? ¿No merecemos todos una invitación a la Oscar After Party? Hasta que se haga justicia, nos queda vestir nuestras polleras de encaje al lado de una coca light; mirando la red carpet, criticando vestidos y votando a los que mejor encarnan nuestras historias que, siempre, son de amor. 

lunes, 26 de enero de 2015

Te pido tan solo que seas consecuente...

 Vi una película dos veces, o dos películas una vez. La magia de ver largometrajes en distintos momentos de nuestra vida, es poder encontrarles distinto significado. 
 "Las novias de mis amigos". Nada super innovador, tal vez solamente una serie de clisés varoniles pegados en un video de hora y media. Pero lo poco innovador, a veces puede ser revelador. Porque la esencia de lo que se repite es que, a veces, lo dejamos de leer; y perdemos detalles importantes. 
 Tres amigos, una promesa de soltería para "disfrutar" un momento que solamente se genera cuando los astros se alinean. Veinteañeros que rozan los treinta, y están solteros todos al mismo tiempo. Todos super potros y exitosos, detalle que no se da ni cuando los astros se alinean en nuestro mundo. 
 Y uno de estos "amigos" define un momento mágico que está dando vuelta en varios de mis chats activos. El "SO" moment. En castellano no es tan sintético porque aunque el momento del "Entonces" quedaría más lindo y concreto, la frase suele ser más larga. Algo así como un "Hablemos de nosotros". 
 Es divertido pensar que esta película es una ventana a la mente masculina. Y, tal vez lo sea. Mi psicóloga dice que la mayoría de los hombres son "más simples". No hay nada oculto en un like, no hay segundo sentido en una afirmación, un silencio o un regalo. Son, lo que son. 
 Esta película no es un clisé. Es un eye opener. Los hombres no quieren "SO" moments. Cuando se llega al "Entonces (¿cómo sigue?¿qué somos?)", la mayoría de las veces se llega al final del camino. Porque, donde nosotras esperamos algo de luz en la ruta, esclarecer un futuro o encontrar una respuesta, ellos solo oyen "Entonces", y no entienden nada. 
 No entienden cuándo la situación fue propicia para que se generara el momento del "entonces", no entienden cómo algo que nunca empezó se puede acabar. Porque donde nosotras implantamos mariposas en pseudorelaciones que se extienden en semanas, ellos no implantan nada. Entonces te hacen un halago, te regalan un "ok", intentan extender el intercambio algunas semanas más; y después...nada. Donde vos terminaste una pseudorelación, ellos insertaron un signo de interrogación. 
 Nosotras necesitamos empezar y terminar cosas. Lo hacemos con "SO" moments o sus análogos: "En qué andás?" "Hace mucho no sé de vos", "Entonces", "Necesito hablar con vos", "Que somos". Siempre escondiendo la eterna pregunta que solo quiere saber qué quiere el otro de uno. 
 Creo que lo bueno de películas escritas por hombres, es tener la perspectiva de lo que realmente piensan y no de lo que nosotras pensamos que piensan. Porque no se acuestan pensando cómo sorprenderte el día que sigue, qué lindo es tu pelo o que el día anterior tenías un blazer nuevo. Ellos piensan que pensamos como ellos. Tal vez ni siquiera eso, no pueden ni concebir cómo pensamos. 
 En parte les doy crédito, porque pensamos de formas muy complejas, rebuscadas y únicas. Muchas de las películas escritas por mujeres para mujeres u hombres, son incomprensibles. Basta remontarse a la simple idea de que alguien en el mundo pueda querer que lave los platos porque él quiere lavar los platos, para entender el tremendo universo de confusión que implantamos en su cerebro. Y es que probablemente cuando lave los platos, te moleste que tarde o lo haga con agua fría. 
 Ellos ponen un like, mandan un mensaje a las 5 am, compran un collar de Isadora. Nosotras leemos que les gustó esa foto porque pensaba en nosotras, porque le gusta tu pelo y quiere que le hables. Leemos que no puede dormir porque se acuerda de una (yeah right) o que sabe que el largo de ese collar va con las proporciones de tu cuello y combina con la mayoría de nuestros relojes. 
 Pero no es así. Puso el like porque tu foto estaba en la cadena de fotos del home de instagram, porque le gusta la montaña de fondo y, acto seguido, le puso un like a una foto de un mono disfrazado, al ganador de un premio nobel y a una foto del hijo de Messi. Te mandó un mensaje a las 5 am porque ese fue el horario en el que tuvo tiempo y, sobre tu pelo, no saben lo que es el frizz, ¿ergo? no distinguen los días buenos de tu mundo capilar. 
 Seguimos leyendo entre líneas, donde no hay espacios para leer y generando "SO" moments que no hacen más que espantarlos. Tal vez esos momentos, no sean más que un radar de que una historia se termina. Tal vez haya que ser más sutiles y entender que, si se llega al "Entonces", se llega al final. 
 Porque digo, si son tan simples y consecuentes en su simpleza; si ponen like donde les gusta algo, no tendrías por qué llegar al "SO", simplemente te lo harían saber. 
 Creo también, que hay que ser consecuentes después del "Entonces". Podríamos aprender mucho del no escribir entre líneas, y dejar también nosotras de agendar contactos que se hacen amigos del Campari los sábados, cuando remontamos "Entonces" añejos, porque seguimos sin entender la simpleza de mensajes que no son señales. 
 Ser claras, concisas y directas tiene que ser una meta del 2015.
 Creo que encontré algo que les envidio a los hombres pero, hasta que Jazmín Chebar haga ropa masculina, me quedo con mi género. 

Jaque al Rey...

            Hace tiempo empecé a experimentar una sensación. De esas que nacen del medio del esternón y te contraen como si fueras a echar...