sábado, 16 de julio de 2016

El alma solo entiende de emoción...

 Hace poco vi un video que poco entendí. Y no puedo dejar de pensar. No puedo dejar de pensar porque eso es lo increíble del mundo. Lo que no entendemos, nos moviliza mucho más que todo lo que sí creemos comprender.
 El protagonista de esta exposición hablaba de una teoría muy compleja. Parte de su teoría lo llevaba a hablar de la energía. 
 Aparentemente intercambios energía todo el tiempo. No solo la intercambiamos, la atraemos. Y sí, eso es todo lo que pude aprehender de un video de 30 minutos que tuve que ver tres veces seguidas.
 Atraemos energía. ¿No es increíble? ¿Cuántas veces nos quedamos en la postura indefensa que nos provoca el sentir que las cosas simplemente "nos pasan"?
 Creo que esto que decidí recortar, va más allá del reduccionismo de "Sonrío, me sonríen".
 Somos "energía". Ustedes podrían decirme entonces que muchas miles de veces han puesto la mejor de las energías (o no) en sus historias y les han devuelto lo que no esperaban. Un visto, un reproche, un vacío. Insistencia donde su energía había dejado la habitación, cartas de amor donde sonaba un grillo, un beso cuando corrían la cara. 
 ¿Qué es la energía para mi? Es la "capacidad y fuerza para actuar (...)". ¿Qué tiene de especial esta capacidad? Atrae y transforma. 
 Todos tuvimos de esos días donde nos levantamos con una vibra extraña que tiñe todo lo que hacemos. Esos días mágicos donde tu pelo está espectacular, y todo se transforma. ¿Es la energía capaz de transformar los pensamientos?
 Entonces empiezo a repensar algunas historias que me comparten en función a esta nueva postura que no estaba contemplando. Y voy más allá. El amor, es energía. 
 Históricamente pensé que el enamoramiento, en su etapa inicial, tiene un componente que podemos manipular de forma conciente. Un estado más que lejano de un rompecabezas de piezas complementarias, donde no hay dudas de cuál encaja con cuál. Pensé que, si manipulábamos nuestras representaciones concientes, podíamos controlar las historias. 
 ¿Manipular nuestras representaciones concientes? Sí. Si la línea D no llega a tu casa, no abrimos el juego. Si sabés que odio las musculosas para hombres y no sé el primer nombre de Messi, no sacamos el tablero. 
 Esta información, cambia mi cosmovisión. ¿Por qué? Porque creo que descubrí cosas nuevas en todas las historias fallidas que me han compartido. 
 Manipular concientemente las representaciones que impactan en lo que sentimos, podría no ser la forma más inteligente de transitar el mundo. Si manipulamos los pensamientos, coartamos la energía, agotamos un recurso que tendría que fluir naturalmente. 
 La naturaleza de la neurosis en términos algo mundanos (o míos), está en un divorcio mal logrado entre las representaciones y su componente afectivo. Me pregunto entonces si, en ese bache oscuro que tramita sin tramitar, no estaremos relegando la energía. 
 ¿Cuál es el resultado? Pensamos mucho e interactuamos con energía que subestimamos sin siquiera darnos cuenta. Sufrimos en pensamientos estandarizados que marcan caminos que tal vez distan de lo que queremos. 
 Perdemos de vista el componente energético de los pensamientos. Ese componente que nos predispone a actuar lo que pensamos y que, increíblemente, es capaz de transformarlo. 
 Pienso en todas las historias fallidas que me han compartido y empiezo a pensarlas en función a este nuevo esquema. ¿No será que fallan los vínculos que se quedan en el componente del pensamiento? No por poder pensar juntos, o compartir criterios; pero por solo pensarnos como el uno para el otro. Por forzarnos como uno para el otro en función a un check list.
 Vamos a un caso de estudio. Hace poco me junté a hablar con una gran amiga que no veía hacía mucho. Desde que la conozco, hay una historia que la acompaña a lo lejos y, por alguna razón, siempre nos ocupa. 
 Cuando nos cruzamos por primera vez; me di cuenta que estaba enamorada de alguien que, ella pensaba, había cortado de su vida. "No podemos estar juntos". Esa es la frase clisé que escuché centenar de veces cual disco rayado "Vive en la esquina de tu casa, no está en la India salvando el mundo. No entiendo. Claramente ocupa parte de vos, sino estaríamos hablando de Gran Hermano y no de él".
 "No puedo", "No quiero", "Si yo pienso...". Frases que determinan el final de historias más actuales de lo que creemos. Si nuestro pensamiento fuera cierto, estas historias tendrían que caer cual síntoma en análisis. Pero no caen. ¿Por qué?
 Me confiesa que se están volviendo a ver después de años de vivir en una novela de Verónica Castro y pienso. Pienso en la energía. La conexión del afecto y el pensamiento. Esa conexión transformadora donde, no se trata de dejar de pensar, se trata de que los encuentros de componentes, nos transforman. 
 "No estoy pensando. No sé qué va a pasar y estoy contenta". 
 La disociación del afecto y la representación tiene tiempo de caducidad. Cuando una defensa deja de sernos útil, nos empieza a generar incomodidad. El incómodo, sufre. 
 ¿No se trata entonces de pensar por qué pensamos como pensamos, para poder entender qué energía estamos poniendo en juego?
 "El alma solo entiende de emoción". No está disociada del pensamiento, llega a través del afecto a la cabeza. Y entonces me pregunto si, para entender los vínculos; no habrá que entender la energía, la emoción, el afecto que un otro nos provoca. 
 Y empiezo a pensar que, tal vez, las mejores historias son aquellas donde no entendemos por qué nos atraemos. Nos conectamos desde lo afectivo, para transformar los pensamientos. ¿Por qué? Porque somos pensamiento y energía. Porque el alma solo entiende de emoción.




 






miércoles, 25 de mayo de 2016

Vamos a dejarnos de jugar con sentimientos...

 Hace ya varias semanas que mi psicoanalista y yo hablamos de nuestro recorrido. Repasando mi cancherismo al casi jurarle que no me iba a ver llorar, mientras devolvía su caja de carilinas al estante de ese mueble que no combina con nada del consultorio. 
 Yo me acuerdo qué tenía puesto cuando  nos conocimos, ella se acuerda de todo lo no dicho que me hizo sacar de ese estante descolocado. Las dos coincidimos en que a veces los repliegues tienen que ver con temporalidades distintas. 
 Mientras acaricio a su caniche recién pelado, mi fiel compañero de diván, me confieso. "Empiezo a pensar que lo más difícil de los vínculos es el timing". Y le explico, dispositivo psicoanalítico aparte, que es muy complicado estar en sintonía. 
 Ella espera desde hace más de tres años que yo pida las carilinas y yo, recién ahora, empiezo a verlas en escena. 
 Es como ese jean que te entra ahora, pero no querés usar; enfrentado contra el otro que no te pasa por una pierna y deseás más que nada. Son tiempos e intenciones desfasadas.
 Me suelto el pelo, bajo al caniche del diván, ubico el tapado sobre los volados de mi pollera y me paro. Me acomodo el collar y pienso. Pienso en todas esas relaciones que no funcionaron por estar en páginas diferentes. 
 ¿Entonces? Decido cambiar el curso de la historia, volviendo a Megatlón después de un mes (o más) de silencio de radio. Porque aceptar una promesa que no vamos a cumplir, es jugar con sentimientos. O, en este caso, con mi VISA. 
 Mi profesora de stretching es como Voldemort combinada con Magneto. Te hace conocer músculos que ni sabías que existían, te hace pensarlo dos veces antes de abandonar un ejercicio extenuante a la mitad y te nombra por el color de tu outfit (Yo soy "Fucsia", pero también está "El de Gris" y "Vos, la camuflada").
 "¿Estás sufriendo? Si no lo sentís, no estás haciéndolo bien". ¿Es mi profesora de stretching o Cupido? Quiero sentirme bien con mi Superyó, no unirme al Cirque Du Soleil. Mi nariz no puede ir más allá de mis rodillas, no si quiero seguir caminando al menos. 
 No me preocupa, es un trabajo de equipo. El de gris está por llorar y la camuflada agarró su cartera cuando nadie miraba. Estamos todos juntos en esto.
 "Si no lo sentís, no estás haciéndolo bien". Como motivación gimnástica (Sí, el stretching ES gimnasia), deja mucho que desear. Pero, como enseñanza de vida, su filosofía es muy interesante. 
 Y hoy, 24 horas después, mientras asumo que tengo 30 años y cocino con una copa de vino; recapitulo mientras escucho el relato de cita de alguien más.
 Empecemos por aclarar que hay tres posibles resultados para una salida: A) Te encantó, B) No te gustó/Lo odiaste/Que te trague la tierra, C) No te provocó NADA.
 Por A y por B, la historia es diferente. Es en C donde entra la enseñanza de vida de mi profesora de elongación. 
 "¿Cómo te fue?". "Bien. Pero nada, no me disgusta ni me gusta". OK. Es como una remera blanca básica; o esa canción de Luis Miguel que no le devolvió el éxito, pero nadie criticó. 
 ¿Cómo puede ser que alguien no te provoque nada? Puede ser, no teman. Las preguntas esenciales son: ¿No te provocó nada porque son un cero en compatibilidad? O ¿No te provocó nada porque estabas haciendo mal el ejercicio?
 He aquí donde timing y el mal ejercicio se asocian. Porque, cuando alguien no te genera nada de nada, no estás en el momento. Si no estás sintiendo, estás haciéndolo mal (Según Voldemort). 
 Hace tiempo tuve una charla de feedback/update/máquina del tiempo; con alguien que conocí. Cumplía con dos cualidades esenciales para mi en cualquier ser humano: Gracioso e inteligente; pero no me provocó nada. Lo único en lo que podía pensar en ese momento era en mi romance incipiente y apasionado con Netflix y mi adicción, hoy superada, al mantecol. 
 A veces, hacemos mal el ejercicio, y no sentimos nada. Mi profesora de stretching, dice que es porque no estamos sufriendo. Yo digo que, los músculos, necesitan tiempo. 
 Cuando sentimos, no hay tiempo de dudar, hay que hacer bien el ejercicio. Hoy alguien se angustia, porque no siente nada; yo siento que no está mal ser fiel a esto  y no jugar con sentimientos. 
 Todos se preguntan en cierto momento si, alguna vez, alguien (más) les va a gustar. Yo siempre respondo que sí; cuando superen su romance con "Netflix", van a volver a sentir.











martes, 10 de mayo de 2016

A public affair...

 Diez horas y media de trabajo, un chico en el colectivo usando remera con capucha, un mal día para mi pelo, una tortilla de papa y CERO coca light. 
 Cual Lindsay Lohan en rehab, llego a casa pensando en que esta es una buena semana para hidratarme solo con agua. Pero no. Me entero que una chica empapeló Palermo con un Tinder y, no puedo evitarlo, necesito Coca Cola. 
 ¿Saben qué pienso? Pienso que esta chica confundió un barrio de CABA con el reino de la Cenicienta. En el 2016, no tenés chances de ubicar a una chica a través de un zapato. Todas entramos en un talle 37. Menos que menos, vas a encontrar a Tinder por un folleto. 
 No se confundan, probablemente la llame. Pero ella va a tener que cambiar el celu antes de ese momento, por la cantidad de mensajes que va a recibir. 
 Prejuicios a un lado, estoy con la causa de fondo. Estoy con la causa porque descubrí que, después de todo, soy una romántica. Pero  también pienso que a esta "jugadora", le faltó un poquito de aguante de su equipo. 
 Soy la primera en decirles que, si les gusta y tienen ganas, manden mensaje. Estoy 100% comprometida con la meta y nunca voy a prohibirles ir a Zara por una primera cita. Si me encuentran en un buen día, seguro hasta justifique uno que otro "visto" y nunca voy a dudar en asesorarlas sobre cuáles son sus mejores anécdotas y qué color les queda mejor. 
 ¿Por qué? Porque eso  hace un jugador en equipo. Ahora bien, también siento que es mi obligación disuadirlas de comprometerse en cualquier tipo de pasacalles, cartel abrillantado, panfleto o banner por un período de 12 meses...o toda la vida. 
 Y no se trata solo de la falta de seguridad en que el mensaje llegue al destinatario. Porque, seamos honestas, incluso cara a cara el mensaje podría no llegar. ¿O no es ese el encanto de la interpretación? Se trata del trasfondo de estos pedacitos de papel pegados con engrudo por un barrio pintoresco de Buenos Aires. 
 Seamos realistas. ¿Qué tantos medios virtuales tuviste que haber agotado para recurrir a un papel y un print de pantalla en este milenio? ¿Por cuántos canales te tiene que haber bloqueado esta persona para que el único contacto sobreviviente sea en la superficie de un poste de luz? Y; si no tenés su whatsapp, su facebook, su mail, la casilla postal de su abuela, su fotolog, su icq, su messenger; ¿No será una clara señal de "Abort Mission"?
 Ahora bien, sos la típica amiga psycho que lo quiere contactar igual (todos los grupos necesitan esa amiga), te apoyo. Cualquier ecuación puede ser resuelta con tres datos, no importan las incógnitas (Campeón de las olimpíadas matemáticas, no opines).
 Tres datos y conseguimos lo que quieras. Su veraz, el nombre de su mascota, su tipo de sangre y qué comió al mediodía. Su mail, su celular, su CUIL. ¿Hacía falta gastar plasticola? ¿Era necesaria la contaminación visual?
 Se me ocurre lo siguiente: No tenías tres datos. Y, si no tenías tres datos, tal vez era porque este hombre...no quería ser cortejado por vos. 
 He aquí otro gran problema del amor en la sobredosis de la tecnología. No te dan ni tres datos, y ya inventaste una historia digna de un libro de Nicholas Sparks. Suena música en tu cabeza, tus ideas se mezclan sin ninguna necesidad de alcohol y volcás todos tus dotes artísticos a un panfleto hecho en Paint. 
 Querida amiga: Yo no sé qué le dijiste a este hombre, pero no existe la vuelta atrás del bloqueo. Es como la Fatality del 2016, es el fin del juego virtual. Pero te propongo que no sufras. 
 Tu próximo amor te va a dar, mínimamente, su número fijo antes de que pase un mes. Definitivamente no te va a bloquear y te va a decir su apellido o el nombre de su perro. No va a haber ecuación porque, si algo aprendimos después de tanto research, es que si el hombre te quiere ver, te va a ver. 
 Espero de corazón que este acto de "amor público" sea resarcido, para evitarle muchas sesiones de terapia a nuestra amiga de los folletos. Pero lo que de verdad quiero es que aprendamos a identificar esos sentimientos que no nos hacen bien porque, cada vez que suben folletos, muere un árbol y un hombre más en el mundo usa capucha. 










lunes, 21 de marzo de 2016

It´s OK...I can sleep at night.

 "Ella es la clase de mujer que entra a un local, y sabe lo que quiere. Lo agarra, lo prueba, lo paga, lo lleva. Así te describo yo". Y, en la frase más superficial y atinada de mi año, me siento vacía y halagada a la vez. 
 Pero es verdad. Soy expeditiva en el shopping, no como ensalada y sé lo que quiero cuando lo veo. Siempre tengo un plan B, doy opciones de colores y, si no me gusta, lo cambio. Me doy cuenta entonces: Soy presa cruda de la frustración de los compradores indecisos. 
 "Lo agarra, lo prueba, lo paga, lo lleva". Si solo eso funcionara fuera del mundo de Visa y MasterCard.  
 "Sé lo que quiero hacer, pero me abro a debate y dejo que veten mi moción. Necesito que me habilites opciones. Estoy en el local y sé lo que quiero; pero un día no está mi talle, el otro no anda el posnet y después quieren que espere al día de las 12 cuotas". 
 Y es que me guío por el folleto que todavía no escribí: "Cómo comprar en Miami sin morir en el intento". A) Si lo ves y no te encanta, dejalo. B) Lo mirás y te ves usándolo, sale menos de 20 dólares y combina con dos items de tu placard, llevalo. C) Te encandila y sabés que no vas a poder dormir pensando en que lo dejaste en una percha para que alguien más lo use; pagalo  hasta 100 dólares. 
 ¿Cómo llevar estas enseñanzas de vida a los vínculos de carne y hueso? "A" queda igual, es como ese cardiólogo que no paraba de hablar de sus convenciones. Lo ves, no te encanta, lo dejas. "B" es la asignación semanal con  fecha de caducidad. Pero "C", ¿Cómo queda "C"?
 "Ese es el problema. Cuando yo sé lo que quiero, mi mente elucubra hasta cuando duermo. ¿Estoy muy orientada a objetivos?".  Y ella no sabe de lo que hablo, porque no psicoanaliza por competencias. Damn it. 
 "Bueno, salgo de la corpo y te explico. Recibo un mensaje a la 1 AM y duermo como un ángel. Me invitan a salir con SIETE días de anticipación, y ni siquiera pienso en qué me voy a poner. Me preguntan qué estoy haciendo y les digo la verdad: Estoy en short y remera comiendo mi tercera Tita. ¿Sabes por qué? Porque ellos en el local, no son lo que yo me quiero llevar". 
 Ella comprueba por qué no estamos ni cerca de terminar este análisis milenario y yo me pregunto dos cosas. A) ¿Estoy comiendo demasiadas Titas? B) ¿Estoy siendo "eclipsada" por un jogging disfrazado de lentejuelas?
 Me abro a debate, dejo que veten mi moción y me pregunto si me estoy equivocando. Me pregunto si estoy ante un caso de "Sweater Mono" versión 2016. 
 Corría el año 2012, pleno local de Paula Cahen D´anvers; ahí estábamos los dos: El sweater mono y yo. Había algo en el abrigo que no me super convencía, pero sabía que no iba a poder dormir si nos separábamos. Abrí el mono a moción de un tercero y así nació su nombre. "Pareces un mono". 
 ¿Por qué dejé ir al sweater mono? Cumplía la regla "C" de mi folleto de cómo no morir en el intento. Estamos en el 2016 y sigo pensando en todos los outfits de los que podría ser parte. Me abrí a debate, y perdí mi esencia. Me dejé asesorar por alguien que tenía más de un jogging, y me perdí a mi.
 Pero ¿Es este un caso de abrigo de simio o es una jogginet camuflada? ¿Es una A o una C en el folleto?¿Estoy por cometer un nuevo error?
 "Me parece que el mensaje de la 1AM lo merecías", dice ella cambiando de tema. "Sí, definitivamente. Pero ¿por qué no me importa? ¿Por qué pude dormir a la noche? ¿Por qué está todo bien? Es un Sweater Mono L". 
 "Está ganando tiempo V. ¿Para qué? No sabemos. Vos usá tu tiempo, no lo guardes". Compruebo una vez más que esta mujer es muy inteligente para mi neurosis. Pero, tiene razón. Cenicienta tuvo que ponerse algo para ir al baile, no esperó a que Kosiuko se dignara a traer su talle.  
 Es desencuentro, tras desencuentro. Dejé ir al que podría haber sido mi sweater preferido por mucho tiempo allá lejos en el 2012 y estuvo bien, pude dormir. Mal al principio, pero pude. 
 Me suelto el pelo y agarro mi cartera. Acaricio al intento de caniche toy que me acompaña al consultorio cada sesión y me paro. Me paro pensando en si el destino de este sweater es otro golpe en mi puerta dentro de cuatro meses. Pero me voy sabiendo que está bien, porque puedo dormir a la noche. 







domingo, 20 de marzo de 2016

The best you never had.



 "Karma: Generalmente el karma se interpreta como una «ley» cósmica de retribución, o de causa y efecto". Gracias Wikipedia. 
 Estuve todo el día pensando en el karma. En el imaginario social; suele relacionarse con recibir lo que damos, como si todo volviera. Lo cual implica que estoy condenada porque, si el contador empezó a correr en sala verde cuando rechacé el bon o bon de ese chico, o en séptimo grado cuando rompí la carta de aquél otro en su cara; nada bueno está en camino.
 ¿Funciona así? ¿Tiene razón Justin Timberlake? ¿Lo que va, vuelve? Porque quiero dejar asentado que de mi parte fueron muchos tapados a caridad, y nada de eso volvió todavía. 
 Estuve un rato largo sentada, preguntándome si fui, o no, rechazada sutilmente por alguien. Estuve un rato largo sentada, solo para darme cuenta de que estoy en un ciclo sin fin. ¿Por qué? Porque hace semanas que yo rechazo sutilmente a alguien más. ¿Es esto el karma?
 Empecé la semana armonizada, pudiendo ponerle un freno a una situación que me controlaba. Coraje, texto, paz, almohada. Libre de pensamientos y dispuesta a dormir, mi celular nuevo lanzó un sonido desconocido para mi. Era el sonido del pasado, de un mensaje que llegó algunos meses tarde. No lo contesté y simplemente me dormí pensando que mis caminos tendrían que tener un cartel advirtiendo a los neuróticos del planeta que yo "Los lunes voy a terapia". 
 Entonces; alguien no me contesta a mi, yo no le contesto a alguien más y evado a otro. ¿Es eso el karma? ¿Se me destiñó mi remera preferida por criticar el sweater de llama del chico hippie? ¿Dormí mal toda la semana por desearle insomnio a alguien más? ¿Me salió un granito por desear el pelo de Jennifer Lopez?
 Y entramos en el círculo del karma. No me encanté hace dos años, y me intrigo hoy. Desapareciste hace cuatro meses, y resucitás un lunes a la 1 AM. Me buscaste por un mes, y de repente somos amigos virtuales. Te escribo los domingos, y no puedo decirte que sí a ninguna salida ningún día. Solo falta que me invite a salir mi amor imposible de los 17 años para realmente creer que, esto, es el karma. 
 ¿Es karma o desencuentros? ¿Apretamos pausa porque todos estamos en duda sobre si el círculo va a caer donde esperamos? ¿Es karma o indecisión? ¿Nos retrasamos porque lo complicado es más fácil?
 Y en el postergar, nos perdemos de saber si esto es lo mejor que podríamos tener. Nos sometemos emocionalmente a esta regla cósmica de las vueltas de la vida. 
 Así es como un lunes a la 1 AM, después de intentar resolver una no historia ya de por sí bastante compleja, tengo que escuchar a mi celular disparar un agudo del pasado. Y esperando abrir una Sale Alert de Hunter rojas, encontrarme con una declaración de madrugada de alguien que llega algo tarde a escena. 
 ¿Así funciona el karma? ¿Como historias que se desenvuelven en temporalidades paralelas? Y saturada de estímulos por un día, me río y apago mi celular. Lo apago por esas decisiones que llegan muy tarde, por esos mensajes que son tan poco claros y porque, ni siquiera, se trata de venganza. Se trata de no hacernos sentir mal, cuando sabemos que esto podría ser lo mejor que nunca tuvimos. Se trata de que simplemente ya no me importa contestar. 
 Y me pregunto si el karma va a actuar también en esta historia que me ocupa. Si alguien más va a darse cuenta de que, tal vez, somos lo mejor que nunca vamos a tener, por retrasarnos. ¿No los pone tristes? Nos dejamos pasar, nos marcamos, sin saber si somos lo mejor que nunca vamos a tener. Y empiezo a preguntarme, si vamos a vivir para lamentarlo.
  Tal vez, ni siquiera se trata de karma. Por ahí es simplemente aceptar que no somos causa del efecto que buscamos, en el momento que lo queremos.




miércoles, 16 de marzo de 2016

¿Con quién se queda el perro?

 Hace dos semanas charlé con mi psicóloga sobre esas sensaciones que experimentamos a veces fuera de lugar. Esos momentos donde nos angustia alguna pequeñez de alguien que recién conocemos, hacemos planteos fuera de lugar o nos ponemos contentos en dimensiones no congruentes con los hechos.
 Extraños te mandan un mensaje de texto y te late el corazón, ni siquiera pasaste por Zara y sentis adrenalina. Se cancela un encuentro y comés una bolsa entera de M&M´s, vas a la peluquería o llenás un carrito de H&M online. Sensaciones fuera de lugar y dimensión.
 Son sensaciones que desconocemos en los acontecimientos y no sabemos de dónde vienen. Y sé que no me pasa solo a mi. ¿Cuántas veces se enojó con ustedes alguien por algo explicable y totalmente injustificado? ¿Cuántas otras se pusieron mal por algo que les dijo una persona que apenas están descifrando si les importa?
 En el 2014 me crucé con un ex novio de antaño. Ahí iba yo, con mis auriculares fucsia y mi pollera estampada, caminando por Avenida Santa Fe. Llegando a la esquina, él me tocó el hombro. Personaje salido de mi inconciente, ya adulto, padre de familia, gerente en alguna empresa. Charla de cinco minutos, cerrada con el clásico "Qué lindo verte, que estés muy bien". Cada uno a su camino. 
 Salía yo de una relación larga y estaba en alguno de los mil quinientos pasos de la rehabilitación emocional de una historia de casi siete años de construcción. Y, en el paso 584; me di cuenta de que con este personaje del pasado, en una Avenida sumamente transitada, nos habíamos vuelto extraños muy cordiales. Volví a ponerme los auriculares y empecé a pensar que no sentía nada. 
 No sentía nada por alguien que, en algún momento me había hecho sentir algo. "¿Esto me va a pasar también en algún momento con esta historia?", le pregunté en ese momento a mi psicoanalista. "No lo sé, es una historia diferente...y larga".
 Dos años después de ese encuentro, pienso que tampoco siento nada por aquél intento de "The Notebook" de la vida real. Sí, sueño con Rottweilers y me sé alguna canción de Cerati, sin embargo la emoción dejó lugar solo a identificaciones del otro. ¿Dónde están los sentimientos?
 Pero la semana pasada estuve pensando. Estuve pensando sobre esas sensaciones fuera de lugar. ¿De dónde vienen? ¿Vienen de esos intentos de historias? ¿Se vuelven a editar esos momentos que nos movilizaron, por estos que nos mueven ahora? 
 Este es el precio de ser extraños muy cordiales. Otros terminan siendo objeto de nuestras emociones huérfanas. Se trata de entender que, a veces, el otro no nos está hablando a nosotros. Y ahí nace el "No sos vos, soy yo". Claramente, soy yo. 
 Entonces pienso: "¿Con quién se queda el perro?". Él se va, vos te vas; ¿qué pasa con las emociones?  Yo me quedé los muebles, él los vasos; yo me quedé dueña del placard, él recuperó la potestad de su auto. 
 Pero ¿Qué pasa con las emociones? Porque las historias que fueron, se vuelven a editar, pero ya fueron. No hay nada más importante, que los personajes actuales que mueven y vuelven a mover los sentimientos que se separaron de esas historias. 
 "No se enojó conmigo, se enojó con algo más. Y yo no me abracé a una almohada por él, me abracé por algo más". Lo que vive en el inconciente, no sabe de tiempos, simplemente vive ahí tratando de hacerse escuchar, hablándole a otro, de otro. No puede enraizarse en cualquier lado, se desliza sutilmente por mecanismos astutos en la realidad. 
 A veces nos cruzamos con personajes especiales, que mueven nuestra cabeza. Vaciaste de emociones personajes caducos, para movilizarte por nuevas figuritas. Estos encuentros son oportunidades, de entender mejor de dónde vienen esas sensaciones que aparecen "fuera de lugar". Son también oportunidades, de construir nuevas. 
 Pero si él se va, y vos te vas; ¿con quién se quedan estos sentimientos desprendidos e ilegibles? Empiezo a pensar que elaborar historias, se trata de construir nuevas. Tal vez tenga que ver con querer leer estos sentimientos salvajes de las partes y obligarlos a reconectarse, para transformarse. 
 Pero si él se va, y vos te vas, ¿con quién se queda el perro?







lunes, 14 de marzo de 2016

Si sobrevivir, fue como morir.

 Los lunes se tratan de supervivencia, salvo dos excepciones. A) Estás de vacaciones, B) Es tu cumple. No estaría siendo el caso, por lo que básicamente me dediqué a transitarlo. 
 Me tocó compartir muchos silencios a la mañana con un extraño. Los silencios no son mi fuerte, así que me dediqué a hacer bastantes preguntas. Veintidós años de matrimonio, tres hijos, un perro, una casa, caminatas en la isla y un velero. 
 Le cambié café y mi cara de dormida a este desconocido, por su historia de amor. 
 "No había celular, no había internet, no había nada. Por las vueltas de la vida me tocó atender el teléfono". Hablaron por un año, cada vez más y más. No le había visto la cara, pero sabía que quería conocerla. Dejaron de hablar por un año, y un día la fue a buscar a su trabajo. Buscó un teléfono público y la llamó. "Estoy abajo, parado adelante de mi Peugeot gris". 
 Me contó que ella se quedó muda en el teléfono. Y una historia de amor, nació del silencio de un teléfono público en pleno microcentro. 
 Le di las gracias por contarme la historia, quedando como una psicótica que recolecta retazos de amor ajeno. Pero alegró mi día. Porque este extraño del amor, sin darse cuenta, me hizo dar cuenta que las ganas alcanzan para muchas cosas. 
 Porque digo; corría 1994, el chico no tenía celular, no había Facebook, no podías googlear el CUIT de la empresa y ni siquiera había research previo para saber si la mujer era linda. Si eso no es jugarse con todo a lo Cris Morena, entonces ¿qué es?
 Soy la psicótica que le dio las gracias, por el simple hecho de que ya no existe gente como él. La vida en la tecnología se trata de exceso de oferta y baja demanda; de malentendidos, de distorsiones y dilatación. Se trata de preconceptos sobre el otro y sus reacciones. Pensé que no había nada, ni siquiera las ganas, y él me demostró que hay gente especial. 
 No, no las estoy incitando a recolectar monedas y buscar un público. Entiendo que no hay más, que es imposible conseguir esa cantidad de fichas y que nadie se sabe ningún número de teléfono de memoria. 
 Pero ¿no es lindo? Saber que hay seres que viven historias reales, mientras nosotros armamos outfits en Pinterest. Él se toma una semana de vacaciones en su aniversario, mientras nosotros miramos el teléfono público. Hace el desayuno a la mañana para que ella duerma, cuando yo como una Tita mientras me maquillo. 
 Hoy mientras me peinaba pensaba en que este día no iba a ser de lo mejor. Soñé con un Rottweiler en mi departamento. Un perro que pesa más que yo y mi persona, en un inmueble que araña los dos ambientes. Dos razas con el peor timing de la historia. 
 Pasé al momento de ponerme rimmel en las pestañas y empecé a preguntarme. ¿Son cortas mis pestañas? ¿Está bien desayunar Titas? ¿Por qué sueño con perros asesinos? ¿Qué me quiere decir mi inconciente? ¿Estoy volviéndome loca? 
 No tardé mucho en entender el sueño. Hubo un "Rottweiler" en este departamento. Es difícil vivir en un espacio apretado con un animal diferente. Pero no es eso lo que aprendí de esa historia. Aprendí que las cosas no funcionan cuando ni siquiera están las ganas. 
 "Cuando me levanté pensé en los Rottweilers del mundo. Me hice una trenza y miré mi pelo. Me acordé que sobrevivir, fue como morir para mi. Sobrevivir implica dejar todo estático, como una foto en una galería. Pero el señor extraño con el que no quería pasar mi mañana, me hizo darme cuenta de que hay historias donde uno hace más que sobrevivir". 
 Sí, tuve un momento de sabiduría Jedi en plena terapia. "Lo que él (extraño) hizo, fue motivado por las ganas y el interés. A veces la conquista, vence a la neurosis". Aparentemente mi terapeuta siempre tiene que darle una vuelta a mis reflexiones.
 Me saturo de información que excede mis defensas. Me suelto el pelo y me pongo mi poncho. Paso un mechón de pelo al lado derecho de mi cabeza y agarro mi cartera. "Para mi sobrevivir, fue como morir. Este esbozo situacional me hace acordar al Rottweiler. Y hasta que llegue mi teléfono público, yo sigo en modo supervivencia". 
 Y así es como funciona la terapia. El inconciente se abre y se cierra eternamente. Avanzamos y retrocedemos, solamente nos encontramos si hay intención. Sino, no queda nada, ni siquiera las ganas. 





Jaque al Rey...

            Hace tiempo empecé a experimentar una sensación. De esas que nacen del medio del esternón y te contraen como si fueras a echar...